#58 Estados alterados de consciencia (1)

Soy @samuelgil, Partner en JME Ventures

Esta es mi newsletter semanal, un lugar donde nos reunimos aquellos que creemos que la tecnología transforma juegos de suma cero en juegos de Suma Positiva.


¿Qué tienen en común un Navy SEAL, un ejecutivo de Silicon Valley, un monje budista tibetano y un veinteañero en una rave?

Que todos entran, con diferentes propósitos y a través de diferentes vías, en estados alterados de consciencia, unos estados mentales en los que nuestra noción del ser, del tiempo y del esfuerzo se diluyen, dando paso a unas experiencias extraordinariamente ricas y a unas capacidades físicas y cognitivas aparentemente sobrehumanas. Y la cosa no queda en un mero “viaje”. Algunas de estas experiencias dejan en nosotros una huella duradera, provocando cambios persistentes en nuestra forma de ser, pensar, sentir y actuar.

Desde tiempos inmemoriales, personas de todo el mundo han intentado por multitud de medios alcanzar estos estados, motivados por los chutes de información, visión e inspiración que ofrecen, los cuales, bien empleados, pueden traducirse en ventajas competitivas o soluciones a problemas demasiado complejos para los métodos más convencionales.

Pero no nos engañemos. Con bastante frecuencia, estas incursiones en terreno poco conocido no han acabado bien. Algunas veces, han acabado en tragedias personales. Otras, estos prometeos modernos se han topado con la oposición del estado, la religión o los prejuicios de sus contemporáneos y han terminado marginados, en prisión o churruscados en la hoguera.

Sin embargo, a diferencia de lo que venía ocurriendo hasta ahora, la ciencia y la tecnología actuales nos están permitiendo llegar por primera vez a un grado de conocimiento y comprensión aceptable sobre qué son estos estados, cómo llegar a ellos y cómo utilizarlos en nuestro beneficio de forma segura.

¿Preparados para resolver algunos misterios y romper unos cuantos tabúes?


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El Mito de Prometeo y Pandora: Resumen corto - UniProyecta

Prometeo robó el fuego a los dioses y se lo regaló a los humanos. Zeus, furioso por haber perdido la exclusividad de la tecnología divina, lo castigó encadenándole en lo alto de una montaña para que un águila le picotease las entrañas eternamente.

🤩 Estados alterados de consciencia

Cuentan Steven Kotler y Jamie Wheal en Stealing Fire que lo que diferencia a los Navy SEALs de cualquier otra unidad militar de élite es la capacidad de sus miembros para fusionarse con sus compañeros de equipo cuando entran en combate, conformando un único ser que se mueve, piensa y actúa en absoluta sincronía, aún en las condiciones de mayor complejidad e incertidumbre. Los SEALs denominan a entrar en ese estado como “accionar el interruptor”. Su famoso proceso de selección, plagado de durísimas pruebas físicas, trata realmente de identificar a aquellos soldados con esa rara habilidad mental.


El factor que hizo a Larry Page y Sergei Brin decantarse por Erich Schmidt como CEO de Google frente a otros candidatos igualmente cualificados fue el saber que había acudido con anterioridad a Burning Man, el festival al cual peregrinan cada año más de 70.000 personas—Elon Musk, Larry y Sergei incluidos—para construir con sus propias manos una ciudad efímera en medio del desierto en la que abandonar sus “disfraces” cotidianos y unirse en por unos días en una suerte de mente colectiva.


¿Qué es eso que buscan dos de las organizaciones más sofisticadas del mundo a la hora de reclutar talento, pero que ni siquiera sabían nombrar?

Los estados no ordinarios de consciencia, como el flow colectivo en el que entran los SEALs o los participantes en Burning Man, son experiencias caracterizadas por cambios dramáticos en la percepción, emociones intensas y a menudo inusuales así como alteraciones profundas en el pensamiento y el comportamiento.

Estos estados pueden ser inducidos por una serie de técnicas—la meditación, los cánticos, la danza, los rezos, la estimulación de ciertas áreas del cerebro con impulsos eléctricos o la ingesta de sustancias psicodélicas, por poner algunos ejemplos—o pueden ocurrir espontáneamente en mitad de un día cualquiera, como me ocurre a mi algunas veces escribiendo esta newsletter o escribiendo código, como hacía hace unos cuantos años.

Aunque hay más tipos, hablaremos de tres:

  1. El flow, ese estado óptimo de consciencia en el que nos encontramos extraordinariamente bien y rendimos al máximo tanto física como mentalmente. Se trata de esos momentos “en la zona” en los que estamos tan absortos en lo que estamos haciendo que todo lo demás—la sensación del tiempo o incluso de nosotros mismos—desaparece.

  2. Estados contemplativos o místicos, en los cuales técnicas como el canto, la danza, la meditación o incluso la sexualidad son usados para silenciar nuestra infatigable voz interna y entrar en conexión con lo que aparentemente es algo más.

  3. Estados psicodélicos, provocados por la ingesta de ciertas drogas.

A pesar de que a priori podríamos pensar que estos estados no tienen nada que ver entre sí—¿en qué se parecen un artista, un santo y un raver?—, gracias a los avances en la ciencia hemos podido observar que estos fenómenos guardan muchas similitudes a nivel neurobiológico.

🧠 La (neuro)biología

Nuestro estado de vigilia consciente habitual tiene unos rasgos cerebrales muy característicos: activación de amplias regiones de la corteza prefrontal, producción de ondas cerebrales de altas frecuencias en el rango beta y un goteo constante de los neurotransmisores noradrenalina y cortisol.

Cuando entramos en un estado no ordinario de consciencia la actividad cerebral es muy diferente. En lugar de una activación generalizada de la corteza prefrontal, se observa que ciertas zonas se vuelven hiperactivas mientras que otras se vuelven hipoactivas. Además, las ondas cerebrales se ralentizan, pasando de las rápidas ondas beta a las ondas alfa—relacionadas con el “soñar despiertos”—o a las profundas ondas theta. Químicamente, las sustancias asociadas al estrés como la noradrenalina o el cortisol dan paso a otras como la dopamina, las endorfinas, la anandamida, la serotonina y la oxitocina, que producen placer, mejoras del rendimiento y facilitan el establecimiento de vínculos sociales.

Este cambio en la forma habitual de operar nuestro cerebro es lo que nos dará capacidades también fuera de lo normal.

¿Por qué son interesantes?

La bioquímica de estos estados no es lo único que los hace similares. Las sensaciones que nos provocan, son también muy consistentes entre todos ellos, a pesar de que muchas veces vengan envueltas en relatos muy diferentes, motivados por las influencias culturales y el contexto de la persona que los experimenta.

Estas sensaciones son: pérdida de la noción del ser (selflessness), de la del tiempo (timelessness), del esfuerzo (efortlessness) y de riqueza (richness).

👋🏻 Adios ego

La evolución nos ha hecho un regalo un tanto envenenado: el cerebro más desarrollado de cuantos se conocen. En el epicentro del invento, nuestra corteza prefrontal, el hardware más sofisticado.

Gracias a nuestro coco y a pesar de no ser gran cosa físicamente—unos simios lentos, débiles y con poco pelo—, hemos pasado a dominar a cualquier otra especie y a mejorar estratosféricamente nuestra calidad de vida a lo largo del tiempo.

Lo hemos logrado gracias a tener un grado más elevado de consciencia sobre nuestro propio ser, a nuestra capacidad de retrasar gratificaciones, de planificar a largo plazo, de razonar con una lógica compleja y a reflexionar sobre nuestro propio pensamiento.

Disfrutar de estos superpoderes no es gratis. De hecho, pagamos un precio bastante elevado: el no tener un interruptor para apagar la consciencia de nosotros mismos, esa voz interna, ese pelmazo, pesimista y derrotista que nos persigue a todas horas diciéndonos que estamos demasiado gordos o que deberíamos cambiar de trabajo.

Según el psicólogo Mark Leary de la Universidad de Duke:

“Esta voz es el único responsable de muchos, si no de la mayoría, de los problemas a los que enfrentan los seres humanos como individuos y como especie, provocando una gran cantidad de sufrimiento personal en forma de depresión, ansiedad, ira, celos y otras emociones negativas.”

Tan hartos nos tiene este Woody Allen interno que existe una economía de unos cuatro billones (trillions) de dólares al año de productos y servicios—legales e ilegales—destinados a ayudarnos a callarlo, aunque sea por un rato: alcohol, tabaco, cafeína, cocaína, heroína, anfetaminas, marihuana, psicofármacos, psicólogos, psiquiatras, terapeutas, coaches, deportes de riesgo, videojuegos, juegos de azar, pornografía y otros tipos de experiencias inmersivas como conciertos de música electrónica o cines IMAX.

En los estados alterados no escuchamos esta voz. Nuestro lado neurótico está ausente porque las partes del cerebro que lo producen—ciertas partes de la corteza prefrontal—están fuera de juego. Y cuando Pepito Grillo está de vacaciones, tenemos pista libre para disfrutar de una experiencia casi mística.

Y la cosa no queda en hacer callar a nuestro crítico interno.

Cuando nos liberamos de los confines de nuestra identidad nos volvemos capaces de mirar la vida y a las historias que fabricamos y nos contamos continuamente sobre ella—nuestra percepción de la “realidad”—con ojos frescos. Nos volvemos conscientes de que en nuestro día a día llevamos multitud de disfraces: de padre, esposo, empleado, jefe o vecino. No perdemos la capacidad de seguir poniéndonoslos cuando toque, pero nos volvemos conscientes de que somos todos ellos y ninguno de ellos a la vez. Este cambio de percepción—lo que el psicólogo Rober Kegan denomina el “cambio sujeto-objeto”—es una de las mayores herramientas de crecimiento personal a nuestra disposición. Nos permite observar estas personalidades—los objetos—con una cierta distancia y objetividad, gracias a lo cual podemos trabajar mejor con ellos, cambiándolos o eliminándolos si fuese necesario.

¿No es paradójico que “perdiendo la cabeza” de vez en cuando es como mejor logramos conocernos a nosotros mismos?

⏱ Adios reloj

¿Quién no vive agobiado por la falta de tiempo? ¿A quién no le gustaría que el día tuviese muchas horas más para cumplir con todas nuestras obligaciones y tener algo de tiempo para nosotros mismos?

Los estados alterados también nos proporcionan un alivio a esta deuda perpetua que vamos acumulando con el cronómetro.

Nuestra percepción del tiempo es también fruto de nuestra corteza prefrontal. Cuando el sistema está caído—como lo está en los estados alterados—no somos capaces de percibir el tiempo como lo hacemos habitualmente. Perdemos la capacidad de distinguir pasado, presente y futuro. Nos sumergimos en un presente prolongado al que los investigadores denominan el “ahora profundo”.

Toda la capacidad de proceso que normalmente destinamos a crear nuestra percepción del tiempo se destina ahora a mejorar nuestra atención y concentración. Tomamos más datos y los procesamos más deprisa. Y cuando procesamos más información más deprisa, el momento actual se ralentiza, como las balas en Matrix.

Dejamos de atormentarnos con el pasado y de fantasear sobre el futuro porque simplemente somos incapaces de hacerlo. Estamos plenamente concentrados en sacar la cabeza del agua, respirar y corregir el curso. Y esto es genial, porque el presente es el único momento del cual tenemos datos veraces. Nuestra memoria es inestable y está sujeta a revisiones y distorsiones constantes. De nuestra capacidad de predecir el futuro no hablo, que me entra la risa.

🦸🏻‍♀️ Adicto a sentirme superman

Así como la pérdida de la noción del ser silencia nuestra crítica interna y la pérdida de la noción del tiempo nos permite tomarnos una pausa en nuestras frenéticas vidas, la pérdida de la noción del esfuerzo nos da un extra de motivación que nos hace capaces de las hazañas más increíbles.

Y como al hacerlo obtenemos placer—los neurotransmisores que nuestro cerebro segrega en estos estados son los que mayor placer producen y además los obtenemos todos de golpe—nos enganchamos a estos momentos. No necesitamos añadir las actividades que los provocan en ninguna insufrible lista de to-dos, ni que nadie nos controle si las hacemos. Puritita motivación intrínseca.

¿Por qué la gente arriesga su vida haciendo deportes de riesgo o por qué alguien deja trabajos que ofrecen mucho dinero y prestigio por otros peor pagados? Porque la propia experiencia es la mayor recompensa.

🤯 Riqueza

La última característica de estos estados de éxtasis es su riqueza, en referencia a la naturaleza vívida, detallada y reveladora de los estados no ordinarios.

Es tan intenso e inusual lo que vivimos que a menudo sentimos que hemos entrado en conexión con algo más grande que nosotros mismos. Llámalo “x”, llámalo energía, mejor todavía.

La anandamida—uno de los neurotransmisores que segregamos en estos estados—impulsa el “pensamiento lateral”, que es nuestra capacidad para hacer conexiones entre ideas dispares. Creatividad en estado puro.

A medida que comenzamos a integrar la información que se nos acaba de revelar, recibimos nuestra correspondiente dosis de serotonina y oxitocina, lo que nos provoca sentimientos de paz, bienestar, confianza y sociabilidad.

Y revelado es la palabra correcta. Ya estaba ahí, es sólo que literalmente no lo podíamos ver.

El procesamiento consciente sólo puede manejar alrededor de 120 bits de información por segundo, lo cual es una birria. Escuchar a otra persona nos consume casi 60 bits por segundo. Con dos personas hablando, se acabó, hemos agotado todo nuestro ancho de banda.

Por contra, nuestro procesamiento inconsciente puede manejar miles de millones de bits por segundo, así que no necesitamos buscar fuera de nosotros mismos para encontrar el origen de esa visión milagrosa. Tenemos terabytes de información a nuestra disposición, tanto en nuestra memoria como en nuestro entorno físico. Es el mismo mundo físico, la misma memoria, los mismos bits y bytes, sólo se diferencia nuestra capacidad percepción y procesamiento. Simplemente no podíamos ingerirlos ni digerirlos en nuestro estado normal. La cascada de cambios neurobiológicos que ocurre en un estado alterado nos permite percibir más y con mayor precisión.

Y esto nos permite ver estos estados de éxtasis como lo que realmente son: una tecnología de la información: Big Data para nuestras mentes.

Continuará…


En semanas próximas veremos, entre otros:

  • Qué técnicas y tecnologías nos permiten llegar a estos estados

  • Los riesgos que entrañan


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