#102 La brecha exponencial

Hola, soy @samuelgil, Partner en JME Ventures

Bienvenido a mi newsletter semanal, un lugar donde nos reunimos aquellos que creemos que la tecnología transforma juegos de suma cero en juegos de Suma Positiva.


El mundo que nos rodea cambia a más velocidad que nunca. Energía, computación, comunicaciones, manufactura, biotecnología. You name it.

Sin embargo, nuestras emociones paleolíticas y nuestras instituciones medievales no son capaces de seguir el ritmo a una tecnología que ha alcanzado niveles propios de los dioses. Mientras que las primeras avanzan, con suerte, a un ritmo lineal, la última lo hace, sin despeinarse, a un ritmo exponencial.

Eso provoca que se esté abriendo una brecha en nuestra sociedad: la brecha exponencial.

Lo sentimos. Lo disfrutamos. Lo sufrimos. A veces nos genera placer (incluso en exceso) y a veces nos genera angustia. A algunos les supone oportunidades y a otros amenazas. Independientemente de cómo nos haga sentir, el cambio seguirá su curso, implacable. Como siempre ha ocurrido. Como debe ser.


Esta edición de Suma Positiva ha sido patrocinada por:

El Oceanográfico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia acogerá del 15 al 16 de diciembre la cuarta edición de Valencia Digital Summit, el evento tecnológico de referencia de la Comunidad Valenciana y punto de encuentro internacional para la tecnología, la innovación, los emprendedores, las startups, los inversores, las corporaciones y las instituciones.

Los asistentes podrán disfrutar de varios espacios simultáneamente, con 3 escenarios diferentes, más de 200 ponentes destacados en el ecosistema de empresas innovadoras y tecnológicas a nivel internacional y una extensa programación con más de 60 horas de contenido. 

Participarán speakers como la presentadora de televisión y modelo Nieves Álvarez, deportistas de élite como David Meca o el Estrella Michelín Danny Lledó; líderes de prestigio internacional como Christian Lindener, Project Manager de Airbus; Elias Veris, Global Strategy & Operations Lead de Google for Startups; o Robin Wauter, fundador de Tech.eu, así como líderes de startups como Vicente Pascual, Co-founder & VP Delivery de Cabify, entre otros grandes nombres. 

También tendrán un lugar destacado en el evento inversores como Pablo Medina, vicepresidente de EQT Growth, el fondo de inversión que adquirió en 2020 Idealista con un valor de 1.321 millones, y que juntos representan más de 5B de activos.

‘Inspiring the Good Future’ es el lema que girará en torno al evento con el objetivo de mostrar cómo la tecnología, la innovación y la digitalización impactan en la sociedad, jugando un papel crucial a la hora de construir un futuro mejor. Todo ello, en relación con la reciente declaración de Valencia como la región más deseable para vivir y la más saludable del mundo, en la que destaca el balance entre calidad de vida, coste y talento únicos.

Esta edición será híbrida y omnicanal, ya que además de presencialmente en el Oceanográfico de Valencia previo registro gratuito, se podrá disfrutar desde cualquier lugar del mundo vía streaming.

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La brecha exponencial

“One of the greatest shortcomings of the human race is our inability to understand the exponential function.”

— Albert Bartlett

La tecnología, entendida como el conjunto de herramientas (físicas y lógicas) que desarrollamos para facilitarnos la vida, redefine el mundo que nos rodea, alterando la forma en la que vivimos, trabajamos, nos movemos, relacionamos, organizamos o defendemos. No es un factor exógeno como a veces se tiende a creer, sino que influye en todos los demás.

A veces, estos cambios son menores. Otras veces, cuando se da una combinación de ciertas circunstancias, dan lugar a verdaderas revoluciones. Lo complicado de los sistemas complejos—siendo la sociedad humana el más complejo de todos ellos—es que es casi imposible predecir cuándo un cambio en alguno de sus componentes puede producir un cambio de fase que altere al sistema en su conjunto.

La electricidad, el teléfono y el automóvil, tecnologías que se desarrollaron entre 1890 y 1920, pusieron patas arriba la vida del siglo XX, dando lugar a cambios en todas las esferas económicas, políticas y sociales. Un viajero en el tiempo de 1980 podría desenvolverse sin problemas en la vida del Londres de 1930, pero no sabría ni por dónde empezar si el DeLorean le llevase por error a 1880.

De la Ilustración a esta parte, las personas tendemos a pensar que el mundo avanza demasiado deprisa. La tesis de Azeem Azhar en Exponential es que aquellos que lo piensen ahora mismo no sólo están en lo cierto, sino que están en lo ciertísimo.

La sociedad de comienzos del siglo XXI se está viendo sacudida por el desarrollo de tecnologías de propósito general que avanzan a un ritmo más acelerado que nunca antes: computación e inteligencia artificial, energía renovable y almacenamiento, ciertas técnicas de manufactura y biotecnología (curiosamente no menciona una de las que yo considero más revolucionarias: crypto/blockchain).

Su impacto se siente en todos los ámbitos. No sólo en forma de nuevos productos y servicios, sino también alterando la relación entre compañías nuevas y antiguas, empleadores y empleados, ciudades y países, ciudadanos y el mercado.

Sin embargo, nuestras compañías, leyes y cultura, que emergieron como respuesta a los cambios propiciados por tecnologías anteriores, aún no han cambiado o lo han hecho a una velocidad insuficiente para poder seguir el paso al cambio tecnológico.

Esto ha provocado la aparición de una brecha, una brecha que se abre a un ritmo exponencial.

Tecnologías exponenciales

Una tecnología exponencial es aquella que, por el mismo coste, mejora en rendimiento a una tasa anual compuesta de al menos el 10%, durante varias décadas.

Jugando con los números podemos comprobar fácilmente que una tecnología así es 2,5x más potente cada 10 años por el mismo precio. O, visto de otra forma, para un mismo rendimiento, su coste cae más de 3/5 cada 10 años. Cuando el precio de una tecnología cae dramáticamente hace que empecemos a verla en todos lados.

La otra parte importante de la definición es que este ritmo de mejora debe ser sostenible durante décadas. Una tecnología que mejora a tasas del 10% durante unos pocos años y luego se detiene es mucho menos transformacional que una que no se detiene. Por ejemplo, el motor diesel mejoró muy deprisa en sus primeros años de vida, pero luego se detuvo. Sin embargo, los microchips de los ordenadores han estado mejorando su rendimiento a tasas del 50% en los últimos 50 años. Si cambiamos de coche cada 10 años, veremos que la eficiencia del motor en consumo de gasoil ha mejorado quizás un 10%. Si cambiamos de ordenador cada 10 años, veremos que su potencia de cálculo se ha multiplicado por sesenta.


La difusión de una nueva tecnología sigue una curva en forma de “S”. Al principio, la adopción es lenta. Los early-adopters juguetean con ella, mientras que los fabricantes están aprendiendo a fabricarla de forma fiable a escala y a ponerle precio. En un momento dado, se produce un punto de inflexión y la adopción se acelera muy rápido. Estas dos primeras partes de la curva se asemejan a una curva exponencial: lenta y aburrida al principio y luego rápida y explosiva. A diferencia de la curva exponencial, la curva S tiene un límite. A medida que el mercado se va saturando, la adopción se ralentiza y la curva se aplana.

Con las tecnologías exponenciales el modelo de curva S sigue vigente. La diferencia radica en que, a pesar de que los mercados son más grandes que nunca y por lo tanto su saturación debiera producirse más tarde, la parte exponencial de la curva es muchísimo más pronunciada, lo que hace que la saturación se alcance cada vez antes.


La exponencialidad se ha expandido a cuatro dominios de la tecnología, que, en conjunto, conforman la base de la economía global: computación, energía, biología y manufactura.

Los costes de todas estas tecnologías están cayendo dramáticamente, por el equivalente a un factor de 6x por década o más. Veamos algunos ejemplos de qué está sucediendo.

Computación

En 1958, Fairchild Semiconductor vendió 100 transistores a IBM por $150 la pieza. En 2014 el precio de un transistor había caído a una mil millonésima parte de dólar.

En 1945 había un único ordenador en el mundo: el que usó Alan Turing en Bletchley Park. Sesenta años después había más de cinco mil millones, incluyendo esos supercomputadores de bolsillo a los que llamamos smartphones.

Energía

Entre 1975 y 2019 el coste de la solar fotovoltaica ha caído 500x. La mayor parte de esa caída se ha producido en la última década. En 2010, el coste de producir electricidad con paneles solares era aún 10x más caro que con energías fósiles. En Octubre de 2020, el coste de generar energía solar en plantas de gran escala ya era menor que el coste de producirla en plantas de gas de ciclo combinado, las más eficientes de las que usan combustibles fósiles (fast forward a 2021 ya sabemos lo que ha pasado con el precio del gas).

Por su parte, el coste de las baterías de ion de litio ha caído un 19% al año durante toda la década de los 2010 y previsiblemente seguirá haciéndolo.

Biología

La primera secuenciación completa del ADN humano se completó en junio de 2000. El coste fue de unos $500 millones. En agosto de 2019 el precio cayó a $942, 100.000x menos. En marzo de 2020, la empresa china BGI anunció que podía secuenciar el genoma humano por $100 (una caída de 1000.000x en coste en dos décadas).

La genética sólo es una de las partes de la revolución biotecnológica (aunque una que nos acerca a los dioses). La biología sintética es otra de las áreas dónde mayores avances se están viendo. Hoy en día somos capaces de secuenciar y manipular microorganismos para convertirlos en pequeñas fábricas de los compuestos químicos y materiales que necesitamos. De acuerdo a algunas estimaciones, en 2040, el 60% de las materias primas que requiere la economía global podrían ser producidas biológicamente.

Manufactura

Desde la época del Homo Sapiens, nuestros procesos de manufactura han sido principalmente sustractivos: comenzamos con un bloque de material y quitamos lo que sobra hasta que le damos la forma deseada. Hoy en día, usando ordenadores y máquinas podemos hacer esto a gran escala y con gran precisión, pero el proceso es esencialmente el mismo que nuestros antepasados empleaban. Además de la sustracción, también empleamos otras técnicas basadas en moldes para dar forma a metales o plásticos, con la ventaja de no desperdiciar material y con el inconveniente de que cada cambio en el diseño requiere nuevos moldes.

La manufactura aditiva o impresión 3D es una tecnología exponencial que ofrece el detalle de la manufactura sustractiva sin el desperdicio. Desde su invención en la década de los 80, la impresión 3D ha mejorado tanto en precisión, velocidad y materiales, que hoy en día van desde plásticos hasta proteínas, pasando por cerámicas y metales. La impresión 3D es un negocio aún minúsculo, pero está creciendo a unas tasas vertiginosas que lo impulsarán a un lugar relevante en los próximos 10 años.


¿Por qué hablamos de estas tecnologías y no de otras?

No todas las tecnologías son iguales. La mayor parte de ellas tienen un ámbito de aplicación reducido, lo cual no quiere decir que tengan necesariamente un impacto pequeño. Pensemos por ejemplo en la bombilla.

Otras innovaciones tienen sin embargo una utilidad mucho más amplia. Pensemos por ejemplo en la rueda. A este tipo de invenciones se les llama tecnologías de propósito general o TPGs.

A lo largo de la historia, las TPGs han transformado la sociedad hasta puntos irreconocibles, como cuando hablábamos del automóvil, la electricidad y el teléfono al comienzo del artículo. Pensemos en otros ejemplos como la imprenta.

Las TPGs son transformativas porque tienen impacto en todos los sectores. Lo cambian todo. El automóvil, por ejemplo, propició el desarrollo de una infraestructura de carreteras que interconectó países, pero también de toda una industria de piezas de repuesto, talleres, estaciones de servicio y bares de carretera. Las posibilidades de movilidad cambiaron la forma de las ciudades, dando lugar a la aparición de suburbios y estos a su vez de nuevas formas de consumo, como los supermercados y los centros comerciales, lo cual a su vez tuvo otras implicaciones en una cadena de efectos muy larga.

El impacto de las TPGs tarda a veces un tiempo en verse. Primero, porque requieren el desarrollo de una infraestructura (fase de instalación), hasta que podemos como sociedad comenzar a extraer todo su potencial (fase de despliegue).

La infraestructura que requieren las TPGs del siglo XXI ya está en buena parte instalada, así que estamos inmersos en plena fase de despliegue.

¿Por qué ahora?

Las tecnologías exponenciales están impulsadas por la confluencia de tres factores que se retroalimentan mutuamente: el poder del learning by doing o aprender haciendo, la creciente interacción y combinación de nuevas tecnologías y la aparición de nuevas redes de información y comercio.

1. Aprender haciendo

Wright fue un ingeniero aeronáutico que intentó entender cuánto costaría fabricar una aeronave y por qué.

La Ley que lleva su nombre dice que, cuando se dobla el número de unidades producidas, el coste cae en un porcentaje fijo. En qué porcentaje exactamente cae depende del problema de ingeniería en cuestión. En el caso de la aeronáutica, Wright observó que el coste de fabricar la aeronave caía un 15% cada vez que la producción se doblaba. A ese 15% es lo que denominó “tasa de aprendizaje”.

La razón de la caída del coste es sencilla: a medida que los ingenieros y los técnicos construyen un producto, van aprendiendo a hacerlo mejor. Por ejemplo, se les ocurre una mejor forma de unir dos elementos o los combinan en uno sólo. A su vez los operarios se vuelven más eficientes y encuentran atajos. En otras palabras, aprenden haciendo.

Esta caída del coste induce un aumento de la demanda que, a su vez, provoca una nueva caída del coste y así sucesivamente.

Es importante distinguir la ley de Wright de las economías de escala, la idea de que el aumento en el tamaño de una operación permite ser más eficiente en algunos procesos o conseguir mejores precios de los proveedores. La ley de Wright nos dice que un incremento en la demanda nos da más oportunidades para seguir aprendiendo y que, a medida que ponemos en práctica lo aprendido, los costes van cayendo.

La Ley de Wright ha estado con nosotros mucho antes de la Era Exponencial. Sin embargo, ahora se da una diferencia sustancial. Históricamente, la Ley de Wright tenía límites. Seguía una curva S como la que hemos visto anteriormente. Sin embargo, los límites de la Ley de Wright para las tecnologías exponenciales parecen mucho más alejados o inexistentes. Esto se debe a dos factores:

  1. La física subyacente en algunas de estas tecnologías.

    Por ejemplo, los chips de silicio son más potentes cuanto más pequeños puedas hacer sus componentes. Imagina una oblea de silicio de 100 mm2 en la que caben 100 x 100 = 10.000 componentes de 1mm2. Si reduces el tamaño del componente al 50%, ahora caben 200 x 200 = 40.000 componentes.

  2. El tamaño de los mercados.

    Como los mercados hoy en día son globales, el punto de saturación de la curva S tarda mucho más en llegar, por lo que la Ley de Wright puede seguir viva por mucho más tiempo.

2. Combinabilidad

Las TPGs exponenciales no sólo crecen a tasas exponenciales, sino que se combinan y retroalimentan entre sí. La tecnología nunca se ha mezclado tanto como hoy en día por el auge de la estandarización.

La creación de estándares permiten que productos simples sean combinados de innumerables formas para crear productos compuestos en diferentes industrias.

El software es un claro ejemplo dónde tareas altamente complejas ahora son fácilmente accesibles vía APIs o directamente reutilizables como código abierto.

3. Proliferación de las redes

Las redes han cambiado la naturaleza del comercio, de la ciencia, de la innovación, de las finanzas, de las relaciones, de la enfermedad, de las amenazas y de muchas otras cosas.

Nunca antes ha sido más fácil para un meme viajar de Sydney a Santiago de Chile. O para un paquete con un componente electrónico viajar de Shenzhen a Estocolmo. O para un virus.

Mientras que las redes de información ayudan a difundir el know-how y las ideas a escala mundial, las logísticas ayudan a distribuir productos físicos también a escala mundial.

Instituciones lineales y brecha exponencial

Las tecnologías exponenciales se están convirtiendo en el medio a través del cual interactuamos entre nosotros, con el estado y con la economía. Sin embargo, la mayor parte de instituciones que conforman nuestra sociedad siguen, con suerte, una trayectoria de desarrollo lineal.

Tanto los códigos legales de nuestros países como las leyes no escritas de nuestra cultura; compañías y ONGs; nuestros sistemas políticos y nuestros organismos supragubernamentales. Lo único que saben hacer, con suerte, es adaptarse al cambio incrementalmente. La estabilidad es una fuerza interna importante en las instituciones. De hecho, está incorporada en su forma de ser.

Cuando una empresa tecnológica alcanza una escala sin precedentes y establece un poder de mercado gigantesco, nuestras leyes anti-monopolio puede que no reconozcan esta situación como un monopolio. Esta es la brecha exponencial.

Nuestro enfoque con respecto a las relaciones laborales fue creado en los siglos XIX y XX. ¿Funcionará este enfoque con la gig economy o el auge de la automatización Esta es la brecha exponencial.

Los sistemas que empleamos para salvaguardar nuestra privacidad son de repente inadecuados. Nos cuesta dar con nuevas y mejores normas y reglas. Esta es la brecha exponencial.


Los procesos exponenciales son contraintuitivos. Nos cuesta horrores entenderlos. Albert Bartlett dijo que “una de las mayores deficiencias de la raza humana es nuestra incapacidad para comprender la función exponencial.”

Si la causa principal de la brecha exponencial es nuestra incapacidad de predecir la velocidad del cambio exponencial, la segunda es el fallo de nuestras instituciones a la hora de adaptarnos él.

Estas nuevas tecnologías, a pesar de que puede representar un enorme reto para las normas de la sociedad, pueden suponer también la respuesta a algunos de los retos más acuciantes a lo que nos enfrentamos como especie. Detener su avance no tiene justificación.

Lo que tendremos que hacer es trabajar para que nuestras instituciones sean capaces de adaptarse más deprisa al cambio y para que los frutos de la revolución exponencial sean repartidos de forma justa. Si tienes curiosidad por saber cuáles son las soluciones que propone Azeem Azhar, te recomiendo que leas Exponential.

En cualquier caso, para aquellas personas y empresas que entiendan este cambio, la brecha exponencial crea una oportunidad enorme.

¿La vas a aprovechar?


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