#75 Non-fungible tokens (NFTs)

por Cristina Carrascosa

Hola, soy @samuelgil, Partner en JME Ventures

Bienvenido a mi newsletter semanal, un lugar donde nos reunimos aquellos que creemos que la tecnología transforma juegos de suma cero en juegos de Suma Positiva.


Cuando hablamos de la economía de la abundancia, dijimos que uno de los principales retos a los que se enfrenta el mundo digital es el de remunerar adecuadamente a los usuarios que más valor aportan: los creadores de contenidos.

Entonces ya mencionamos que el mundo crypto/blockchain podría ofrecer soluciones muy innovadoras y elegantes al problema y, en las últimas semanas, los tokens no fungibles o NFTs que nos ocupan hoy están en primera línea de interés.

Los NFTs son registros en un blockchain (Ethereum) que están asociados unívocamente a activos digitales como imágenes, vídeos, música, textos o código, por poner algunos ejemplos. La importancia de los NFTs viene de que contienen información altamente confiable (prácticamente imposible de falsificar) sobre el origen e historia del activo digital y, además, se les puede asociar código para hacer con ellos todo lo que un programador sea capaz de imaginar (como por ejemplo que el creador reciba una comisión por cada venta que se produzca del activo en el mercado secundario). Como decíamos, todo esto es posible gracias a la tecnología blockchain, similar a la que está detrás de otros criptoactivos como por ejemplo Bitcoin.

Siguiendo el hilo que abrimos la semana pasada, un blockchain es una herramienta de alquimia, pues permite transmutar algo sin valor (un contenido digital infinitamente replicable) en algo valioso (un contenido digital escaso). Lo logra creando un mecanismo de confianza de forma descentralizada, es decir, sin ninguna tercera parte (empresa o entidad pública) encargada de respaldarlo, y lo hace empleando únicamente para ello ordenadores, redes de comunicaciones, criptografía y de teoría de juegos. Pura magia.


Para hablar de este tema tan apasionante, esta semana tengo el lujo de contar con Cris Carrascosa como firma invitada.

Cris es abogada, fiscalista y una de las figuras más destacadas del sector crypto en España. Esta valenciana amante de los perros es asesora legal de startups, profesora en el IE y miembro del observatorio de blockchain de la Unión Europea. No hace falta pasar mucho tiempo con Cris para darse cuenta de que es una verdadera apasionada de lo que hace. No es raro abrir Twitter una mañana de sábado cualquiera y verla estudiando y hablando sobre la última norma fiscal que pueda afectar al mundo de los criptoactivos. Tenemos la suerte de que acaba de lanzar newsletter, Legal by design, para escribir de temas sobre los cuales casi nadie sabe nada, mucho menos con el rigor y la cercanía con que los transmite Cris.

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Non-fungible tokens (NFTs)

por Cristina Carrascosa

La semana pasada, la pieza “Crossroads” del artista Mike Winkelmann (alias beeple) fue vendida por 6,6 millones de dólares en la plataforma de arte digital Nifty Gateway.

Beeple es un “net artist”, es decir, todas sus obras son digitales y más concretamente, tokens no fungibles o NFTs.

Probablemente si te has paseado por Twitter durante el último mes, hayas visto un crecimiento considerable de la popularidad y el hype alrededor de este tipo de tokens. Voy a tratar de separar el grano de la paja y contarte por qué podrían ser un game changer en varios sectores industriales.

Los NFTs no son nuevos. Hace casi cuatro años, publiqué este post en Medium sobre cómo el ecosistema crypto estaba construyendo su propia economía a partir de diferentes estándares de token. Entre ellos estaba el ERC721, que da origen a los NFTs. Uno de los primeros productos fueron los Cryptokitties, que pese a alcanzar un máximo histórico de 390.000 dólares por este Dragoncat, perdieron tracción hasta ser actualmente una plataforma bastante minoritaria.

Y hasta cierto punto es normal. Axiom Zen fue pionera, pero llegó demasiado pronto. Los Cryptokitties tuvieron su momento de furor. A mí aún me quedan cinco de estos gatos en mi wallet, pero era difícil sostener el modelo de negocio sobre la única base de la colección. Pagabas gas (la comisión que hay que pagar para poder transaccionar sobre Ethereum) por cruzar a tu gato con otro, ofrecías ethers a cambio de poder hacerlo con aquellos gatos más únicos y con mayor valor y al final del día, este juego servía básicamente para especular y conseguir las piezas más raras y luego venderlas.

Por eso, entiendo el escepticismo que hay actualmente en torno a los NFTs. La reminiscencia de aquellos juegos, de ese arte que tokeniza pero “si son imágenes que puedo copia y pegar, ¿para qué me sirve el token?” está muy presente. Bien, los críticos son los verdaderos optimistas. Sin embargo, el salto cualitativo que se ha dado en los últimos años creo que es real. Me explico:

La esencia del NFT es la misma: tokens no fungibles, que son intrínsecamente únicos, por lo que no tienen sustituto posible. No existen dos NFT iguales, fin. Esta era la principal funcionalidad de los Cryptokitties, entonces ¿qué ha cambiado ahora para que en 4 años se hayan invertido más de 174 millones de dólares en este tipo de tokens?

La personalización y el gaming, filones por explotar

Uno de mis proyectos favoritos desde hace un par de años es Enjin, una empresa que se dedica a permitir que cualquier pueda crear activos digitales sobre NFTs, y que ya tiene productos como colecciones de moda que pueden usarse en diferentes mundos virtuales y que, entre otras cosas, ha conseguido que el regulador japonés les autorice como los primeros tokens de juego de la historia.

Una de sus propuestas iniciales, fue la de conseguir la interoperabilidad de accesorios a través de diferentes videojuegos, en lo que llaman Multiverse. Con un poco de imaginación podrías (con el permiso de las afectadas) utilizar skins de Fortnite en mi querido Final Fantasy. El deleite de muchos gamers sería poder conectar todos los mundos en lo que viven y juegan y Enjin lo ha visto perfectamente.

Remunerar la creatividad, pero de verdad

A nadie se le escapa que la industria del arte, que mueve alrededor de unos 60.000 millones de euros al año, es una de las que más sufre los efectos económicos de la falsificación y la imitación.

Los NFTs, gracias a la tecnología que le subyace, blockchain, permite que al tokenizar las piezas, éstas se unan de forma intrínseca al autor. Mediante la dirección del wallet que ejecuta esa tokenización, una pieza concreta está en todo momento y de forma inalterable vinculada a su emisor, que en la mayoría de los casos, es su autor. De esta manera la imagen, vídeo, gif…etc. irá durante toda su vida anudado a un certificado de autoría que cualquier usuario puede consultar, sin más esfuerzo añadido por parte de los artistas, porque sencillamente está en la blockchain.

Asumo que el lector es crítico y antes de que me la hagáis, respondo yo a la pregunta ¿Y si la tokeniza alguien que no es su autor y la vende? Pues casi que mejor, porque se habrá señalado a si mismo como autor de una falsificación, preconstituyendo la prueba perfecta para que el artista original pueda defender sus derechos. Algo así como si Elmyr de Hory hubiese puesto su firma y DNI en los Picassos que vendía.

Fenomenal Cris, los artistas pueden crear obras que digitalmente contienen una prueba de autoría y autenticidad. ¿Dónde esta la revolución económica que nos han prometido?

Remuneración pasiva en un mundo digital, la clave

La combinación de lo anterior con lo que llamamos “dinero programable” de los contratos inteligentes. Os lo muestro con un ejemplo real: Un inversor compra una parcela del circuito de Mónaco en el videojuego F1 Delta Time por 220.000 dólares. Real.

Lo que compra es el NFT, que ha sido además programado para que cada vez que se celebre una carrera en el mismo, se le retribuya con un 5%, incluyendo fees de entrada a través de staking (una forma de remuneración pasiva que genera ingresos cuando se bloquean activos en favor de la Red).

El modelo de negocio es claro: que el que diseña, pueda explotar la originalidad de los activos intangibles del mundo digital. En videojuegos, en mundos digitales (Decentraland), en el sector del arte, la ilustración, el video e incluso la música o la moda (existe ya una colección de moda basada en Atari y que puede usarse en Metaverse). El único requisito es que sea nativamente digital.

Rees-Mogg y Davidson lo tenían claro en 1997 cuando escribieron “The Sovereign Individual”, “la transición de una etapa económica a otra, siempre ha implicado una revolución.” Mi apuesta es que los NFTs van a cambiar el paradigma de las profesiones artísticas, entendidas en su sentido más amplio, y de aquellos que sepan darles las infraestructuras para hacerlo. Con esta tecnología, te aseguras que la obra siempre lleve tu firma, si te la falsifican es sencillo averiguar quien creó el token, y además puedes recibir rendimientos cada vez que la obra se revenda, en un mercado totalmente global y sin más costes de estructura que el de tener un ordenador conectado a Blockchain a través de cualquier dapp. Lo revolucionario no es la tokenización, es la programabilidad de los rendimientos en un espacio enteramente digital y global junto con la seguridad de la protección del derecho de creación.


Personalmente, los números que han alcanzado algunos NFTs, como el Cryptopunk #6965 (1.608.032 dólares) son los árboles que nos pueden impedir ver el bosque.

El exceso de hype nos produce a muchos un rechazo que puede llevarnos a no analizar la oportunidad que sí están ofreciendo a un sector, el de los creadores en general, que ha sido infravalorado e infraremunerado desde que Internet permitió democratizar la creación de contenidos.

La posibilidad real de que sean ellos mismos, sin más intermediarios que la plataforma a través de la que pueden subastar o vender el token, los que rentabilicen de forma activa su trabajo, pudiendo además incluir una remuneración pasiva periódica es algo verdaderamente revolucionario.

¿Porqué sino iba una casa de subastas, con 255 años de antigüedad y ventas por valor de 5.800 millones de dólares en 2019, a entrar en el mercados de los NFTs?

Cristina Carrascosa es abogada, fiscalista, miembro del observatorio blockchain de la Unión Europea y profesora en el IE.


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