#90 Criptoeconomía (3): Tokens

Hola, soy @samuelgil, Partner en JME Ventures

Bienvenido a mi newsletter semanal, un lugar donde nos reunimos aquellos que creemos que la tecnología transforma juegos de suma cero en juegos de Suma Positiva.


La semana pasada aprendimos que Ethereum es un “ordenador mundial”, que emerge de la colaboración libre e interesada de múltiples agentes a través de internet, que, a cambio de una compensación económica en la criptomoneda nativa de la red (el Ether o ETH), aportan los recursos necesarios para crear una máquina virtual segura, accesible por cualquier persona desde cualquier parte del mundo, en cualquier momento y que no puede ser detenida por nada ni nadie.

Además de permitirnos almacenar, enviar y recibir su moneda digital nativa como hacía Bitcoin, Ethereum nos permite también instalar y ejecutar cualquier otro tipo de programa, servicios por los cuales tenemos que pagar al sistema una cantidad en ETH en función de la complejidad del código a ejecutar y de lo congestionado que estuviese el sistema momento.

A pesar de la capacidad teórica de Ethereum de ejecutar cualquier tipo de programa, también dijimos que, por coste y, sobre todo, por rendimiento, no tenía mucho sentido hacerlo. Lo emplearíamos para aquellas partes de un sistema que tuviesen que ver con la gestión de dinero o valor, aquello que mejor saben hacer los blockchains. De ahí el auge de las finanzas descentralizadas (DeFi), los NFTs o las DAOs. Si el sistema necesita una interfaz web, lo seguiremos implementando con los mecanismos habituales que tan bien funcionan.

Pero, antes de continuar con la edición de hoy, me gustaría hacer un pequeño paréntesis para enfatizar otro rasgo del mundo crypto del que quizás no hemos hablado lo suficiente hasta ahora. Y es que el software está escrito en código abierto y libre, que cualquiera puede ver y reutilizar. Esto, además de permitir que la innovación avance a un ritmo absolutamente trepidante (todo es copiable y reutilizable), hace también posible que se pueda confiar en él en un entorno descentralizado. No parecería muy sensato usar un software que gestiona dinero o valor sin saber exactamente qué es lo que hace (y lo que no) y cómo lo hace. Sin embargo, un software abierto que gestiona valor desplegado en un sistema abierto es el sueño de todo hacker y la pesadilla de cualquiera que sepa algo de ciberseguridad. Y, de nuevo, esto que podría parecen un bug es el realidad una feature: hay miles de ojos (mal y bienintencionados) intentando encontrar vulnerabilidades, explotándolas (a veces) y proponiendo soluciones (la mayoría de las veces). Por lo que podemos concluir que, si algo que alcanza un cierto éxito sobrevive un tiempo razonable en un entorno tan hostil, lo más probable es que sea algo verdaderamente útil y seguro. Darwinismo digital en su máximo esplendor.


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Internxt es una startup que humildemente está creando una serie de servicios alternativos a los de Google & co, con el objetivo de salvaguardar el derecho fundamental a la privacidad de tus datos personales. Los servicios de Google y Facebook son un medio para un fin. Los servicios que Internxt ofrece son un fin por sí mismos. 

Nuestro primer servicio, Internxt Drive, es una nube al estilo de Google Drive. Sin embargo, nosotros no podemos leer tus documentos, gracias a la encriptación de punto a punto y a la innovadora tecnología blockchain. No somos una empresa de publicidad. La idea es ir lanzando servicios tecnológicos alternativos a los que existen actualmente, con una filosofía de uso distinta. Internxt Photos, Internxt Mail, Internxt Send… 

Nos encantaría que nos dieses una oportunidad y nos apoyases en esta lucha por tu privacidad. Puedes empezar con 10 GB gratis, y si en algún momento te apetece aumentar tu plan, puedes hacerlo desde €0,89 al mes, IVA incluido. Apúntate a esta lucha contra las big tech. Únete al cambio.

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Criptoeconomía (3): Tokens

Imagina un parque temático con muchas atracciones, restaurantes y tiendas. Es un parque muy peculiar, por muchos motivos.

Está abierto 24x7 y es virtual, por lo que está al alcance de cualquiera. No se puede denegar la entrada a nadie y, una vez dentro, tampoco se le puede echar.

Aunque el parque ofrece a sus visitantes algunos servicios básicos (jardines, fuentes, bancos, fuegos artificiales, …), los visitantes vienen fundamentalmente por el resto de cosas.

Cualquiera puede construir su negocio dentro. El terreno es infinito. No se requiere ningún permiso ni autorización. Además, quien lo hace no parte de cero.

Por un lado, si se quiere, puede replicar instantáneamente cualquier negocio existente para intentar mejorarlo. O al menos pueden coger ideas. No hay secretos industriales ni propiedad intelectual. Por ello, el parque es un hervidero de innovación.

Por otro lado, el operador del parque les da la seguridad, la infraestructura y los servicios de custodia y contabilidad que necesitan para funcionar desde el primer momento, para que así ellos puedan centrarse en lo suyo. Por ello no les cobra ningún alquiler fijo, sino una cuota variable en función de cuánto uso de los servicios comunes hacen. Eso sí, exige que le paguen en su propia moneda, el ParkCoin.

Esto, aunque suene raro, es común en el parque. Muchos negocios (el operador incluido) han optado por crear su propia moneda, pues tener su control les da algunas ventajas muy importantes. Por ejemplo, un negocio que quiera crear una nueva montaña rusa, algo que requiere una inversión inicial muy importante, puede hacer una emisión inicial y vender al público las fichas o tokens correspondientes al primer millón de viajes con un descuento sobre el precio que la atracción va a tener después. O, cuando la atracción ya esté en marcha, puede crear más fichas y regalarlas a los primeros clientes para incentivar que la prueben. O, si se quiere, estas fichas podrían también servir para que sus tenedores participen en algunas decisiones del negocio. Por ejemplo, se podría someter a su votación el aumentar la velocidad de la montaña rusa para atraer a los riders más atrevidos o subir los precios.

Otra cosa muy peculiar de estos negocios es que están totalmente automatizados. No tienen personal. Algunos de ellos (e.g. una pizzería) necesitan recursos externos (ingredientes) para dar su servicio (pizzas preparadas). Para obtenerlos, estos negocios comparten sus ingresos de forma automatizada con los voluntarios que llevan al restaurante los recursos que éste necesita (mozzarella). Si el negocio tiene mucho éxito, ser un colaborador puede reportar suculentos beneficios.

Por supuesto, con tantas monedas o tokens distintos, han surgido muchos negocios (casas de cambio) que permiten tanto a los visitantes como a los negocios intercambiar sus monedas, a unos tipos de cambio que fluctúan, entre otras cosas, por la demanda que haya de cada uno.

Al principio, ir al parque era algo muy esporádico. No había mucho que hacer. Cada vez que ibas comprabas los tokens, los usabas para pasar un rato dentro y cambiabas los que te habían sobrado en la salida.

Pero, ¿qué ocurre cuando el parque es tan grande y ofrece tantos servicios que te pasaras literalmente media vida allí? ¿Y si el parque tuviera un banco que te diera un interés por depositar allí tus fichas? ¿O si estas aumentasen mucho de valor porque su demanda excede su oferta? ¿Y si, dada su popularidad, comercios de fuera del parque comenzaran a aceptar estas fichas como medio de pago? ¿Y si lo hiciese un estado para con los impuestos?

Como seguro has adivinado ya, puedes sustituir al operador del parque por Ethereum, al ParkCoin por el Ether y las atracciones y negocios del parque por todo lo que se está construyendo sobre este ecosistema. Y, aunque entrar en detalle está totalmente fuera del objetivo de hoy, es importante mencionar que están también surgiendo otras blockchains con capacidad de procesamiento de smart contracts, como por ejemplo Solana o Polkadot.

¿Realidad virtual? ¿Metaverso? Quizás. ¿Criptoeconomía? Definitivamente.


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