Esto es Suma Positiva: tecnología, startups, venture capital, modelos mentales, rendimiento y longevidad.
Las mejores herramientas para prosperar y no perderte lo esencial en la era de la inteligencia artificial.
Una newsletter semanal y la comunidad privada Health & Wealth donde estas ideas se comparten y se ponen en práctica, en buena compañía.
La edición de Suma Positiva de esta semana viene a cargo de mi amigo Pablo de Echanove.
Pablo es Director de Ventas y Marketing de NATEEVO, consultora/agencia de marketing digital de la consultora tecnológica VASS. Es también socio fundador de MOA Institute, centro de formación especializado en IA y de referencia en tecnologías como Salesforce y SAP. Además, preside el Club de Marketing, Innovación y Talento by PANGEA, un espacio en el que profesionales de cualquier sector comparten conocimiento y retos.
Es padre de siete hijos, algo que le hace especialmente sensible —y estudioso— en todo lo relacionado con la tecnología, la formación y la educación.
De Pablo se podrían destacar muchas cosas, pero las primeras que me vienen a la cabeza cuando pienso en él son su energía, su curiosidad, su iniciativa y su enorme capacidad para conectar a personas. Y todo eso después de cuidar a sus siete hijos. Lo dicho: un ídolo.
Es de esas personas con las que da gusto debatir sobre cualquier tema, y mira que vemos muchos de forma diferente. Como ejemplo, el de hoy: niños y pantallas. Bromeando, le digo que está a un paso de convertirse en un amish, pero, como comprobareis, algo de o mucha razón no le falta. Le he pedido que “se mojara” y vaya si lo ha hecho.
Espero que su artículo nos sirva a todos como usuarios de tecnología y, en especial, a quienes trabajamos en el sector, para ser (aún) más conscientes de su cara negativa —que, por supuesto, la tiene— y para actuar de la forma más responsable posible.
Esta edición de Suma Positiva ha sido patrocinada por:
Si tu empresa va a cerrar 2026 con beneficios, probablemente ya estés empezando a hacer números con el Impuesto sobre Sociedades. Hay una herramienta fiscal relativamente reciente, todavía poco conocida fuera de determinados círculos, pero cada vez más presente en la planificación fiscal de empresas y autónomos. Quizás haya llegado el momento de entender cómo funciona y comprobar si puedes aprovecharla.
El art. 39.7 de la Ley del Impuesto sobre Sociedades permite financiar proyectos culturales y aplicar una deducción de hasta el 120% de la cantidad aportada. Por ejemplo, una aportación de 50.000 € puede generar hasta 60.000 € de deducción: recuperas toda la cantidad aportada y generas hasta 10.000 € adicionales de ahorro fiscal, todo dentro de un proceso regulado por la normativa tributaria, y con la debida transparencia y confianza si eliges al operador adecuado.
Incentiva (by) SFTL es una plataforma de referencia en tax equity cultural en España. Trabajamos con proyectos culturales que cumplen los requisitos, auditamos sus gastos de manera minuciosa y estructuramos todo el proceso para que el inversor pueda aplicar la deducción con la mayor tranquilidad. Gestionamos el contrato entre las partes regulado por la normativa fiscal, el certificado del Ministerio de Cultura y la comunicación formal de la operación a la AEAT. Al final del proceso, entregamos al inversor un informe jurídico-tributario para que unos pocos meses después de realizar la aportación recupera esa cantidad junto al ahorro fiscal generado en su declaración de IRPF o Impuesto sobre Sociedades.
Detrás de Incentiva está Sympathy for the Lawyer, firma legal ultraespecializada en la industria musical y cultural. Ese conocimiento profundo de cómo funcionan los proyectos culturales y de la normativa que regula estas deducciones nos permite gestionar técnicamente cada operación de principio a fin. Hasta la fecha hemos estructurado más de 1.000 operaciones sin ninguna regularización de Hacienda.
Estamos cerrando la entrada de inversores a los proyectos que gestionamos este 2026. Si prevés una cuota fiscal relevante este año, aún estás a tiempo de comprobar si puedes aprovechar estas deducciones.
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El gran peligro del mal uso de la tecnología en la educación
En las últimas semanas muchos se han echado las manos en la cabeza por los malos resultados obtenidos por España (por debajo de la media de la OCDE) en el último informe Pisa en matemáticas, lectura y ciencias. Es cierto que lo de la educación en España es un drama, pero el drama no es solo español. Es mundial. Los datos son malos para la media de los38 miembros de la OCDE (La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos). Entre los responsables de estosmalos resultados globales la mismaOCDE menciona como culpable el excesivo uso de las pantallas. Por fin algunos empiezan a abrir los ojos del daño que está haciendo el abuso de las pantallas en el proceso de desarrollo de los niños. Pero está costando demasiado tiempo y son ya muchas, demasiadas, las generaciones que están “pagando el pato”.
Después del COVID fueron muchos los colegios que se animaron a introducir dispositivos portátiles en las aulas. Lo hicieron sin un estudio profundo. En muchos casos sin consultar a ningún experto. Lo hicieron “fluyendo” y siguiendo modas. Muy pocos hicieron lo que mi amigo Luis, en aquel tiempo director en un colegio de Madrid. Muchos padres le pedían “innovación” al colegio después del COVID y creó un comité de expertos de maestros, psicólogos y sociólogos entre otros. Analizaron con minuciosidad, estudio y profundidad el tema. La conclusión fue evidente. Los beneficios que podía aportar la introducción de dispositivos portátiles a los alumnos eran muy inferiores a los riesgos y perjuicios de los niños y adolescentes. No accedieron a la presión de algunos padres y no lo incluyeron. Esta forma lógica de actuar, de detenerse para analizar antes de pasar a la acción, cuando se está decidiendo algo tan determinante en el sistema educativo, tengo la sensación de que se hizo poco.
Pero ¿en qué perjudica a los niños y adolescentes el uso excesivo de pantallas que se han metido de manera tan masiva en los colegios en los últimos años? Vamos a enumera algunos de los problemas más críticos:
Los hace potencialmente mucho más tontos. El Dr. Manfred Spitzer avisaba hace más de ¡15 años! en su imprescindible libro “Demencia Digital que nuestro cerebro no deja de ser un músculo que si dejamos de ejercitar con esfuerzos algo complejos se atrofia. El cerebro, como cualquier músculo, necesita ejercitarse mediante actividades que exijan esfuerzo mental y social, como la lectura profunda, el diálogo cara a cara y la práctica de habilidades físicas. Es un órgano dinámico que se transforma con su uso. La utilización del cerebro conduce al crecimiento de las áreas cerebrales que se utilizan para una capacidad determinada. Por ejemplo, existen estudios que demuestran que un taxista en Londres que tenía que memorizar 25.000 calles tenían de media un hipocampo (la parte del cerebro que ayuda a orientarse) muy superior al de un grupo de control aleatorio. La persona que aprende malabarismos aumenta el volumen de los sectores del cerebro encargados del procesamiento del movimiento visual. La persona que aprende a tocar el violín o la guitarra agranda el área del cerebro encargada de los dedos de la mano izquierda. El uso de dispositivos electrónicos para estudiar, hacer ejercicios o realizar exámenes, exige menos al cerebro de los alumnos, lo que está reduciendo la capacidad de su cerebro.
Son mucho menos sociables. Según estudios publicados por Jonathan Haidt en su libro “La generación ansiosa“ si en el 2011, antes de “la gran reconfiguración“ (momento en el que empezamos a utilizar smartphones de manera masiva) la media diaria de estar con amigos de los jóvenes de entre 15-24 años era de 125 minutos, en el 2022, esa media diaria bajó a 45 minutos. Los smartphones y otros dispositivos digitales alejan a los preadolescentes y adolescentes de las amistades de carne y hueso y de las actividades que pueden reforzar su sensación de bienestar. Lo que no tengo ninguna duda es que la vida es un viaje mucho más alegre acompañado que en solitario. Somos sociales, somos relacionales. Las personas estamos formados por relaciones personales, nos nutrimos de relaciones personales y anhelamos las relaciones personales. No podemos vivir alegres solo pendientes en nuestro yo, nuestro ego, nuestro egoísmo
Sufren más problemas psicológicos. En el mismo libro, Jonathan Haidt demuestra fundamentado en estudios que los diagnósticos de ansiedad de jóvenes del 2010 al 2020 ha crecido un 106% y que los diagnósticos de depresión, un 134% en ese mismo periodo.
Duermen menos cuando el sueño es vital para rendir bien especialmente en la preadolescencia y adolescencia. En un estudio que Jean Twengue y su equipo realizaron con un gran conjunto de datos de Reino Unido averiguaron que el uso intensivo de medios con pantalla se asociaba a unos tiempos de sueño más cortos, una latencia de sueño más larga y más interrupciones de sueño en mitad de la noche. Los adolescentes con falta de sueño no pueden concentrarse, ni recordar las cosas tan bien como los que sí duermen lo suficiente. Sus reflejos, su capacidad para tomar buenas decisiones, y sus habilidades motrices se resienten. Son más irritables y están más ansiososdurante el día, por lo que sus relaciones se resienten.
Atención fragmentada. La atención es una decisión sobre en qué nos concentramos, un hilo de pensamiento, un cambio mental. Cuando no tomamos esa decisión y nos dejamos distraer con frecuencia, acabamos en el estado confuso, ofuscado y atolondrado que es lo “opuesto” a la atención. Los mensajes de WhatsApp, las alertas continuas en redes sociales nos distraen muy frecuentemente de nuestra atención y eso es especialmente dañino en el adolescente que está en proceso de maduración. Esta corriente incesante de interrupciones pasa factura la capacidad de los adolescentes para pensar, y puede dejar una marca permanente en su cerebro, el cual está en proceso de rápida reconfiguración. Si para nosotros, los adultos, resulta a veces complejo no ser víctima de esa atención fragmentada, no tiene ningún sentido que los colegios hayan equipado a sus alumnos con un dispositivo portátil que es una tención constante para dispersar su atención.
Hace a las nuevas generaciones más superficiales, profundizan menos. Un joven no llegará a ser ningún experto de la materia que si lo único que sabe hacer es preguntar a Google o a la IA. Se necesita adquirir un saber a partir de unas fuentes, indagar con espíritu crítico, ponderar, componer los detalles de un puzzle para convertirlos en una unidad de sentido. Hay que penetrar en la materia y dedicar un esfuerzo al que ahora las nuevas generaciones no están acostumbradas.
Tienden a tener menos compromiso en sus relaciones, lo que le lleva a una vida mucho más vacía. Como dice David Brooks en su maravilloso libro La segunda Montaña tenemos que llevar a nuestros hijos y adolescentes a lavida relacionista. La vida relacionista es comunitaria en un mundo individualista. Es emocional en un mundo demasiado cognitivo. Es moral en un mundo demasiado utilitario. La vida relacionista busca por conocer a las personas en su profundidad (no como un objeto, sino como un todo), desde la comunicación profunda, no superficial. La vida relacionista viene definida por sus compromisos. Un compromiso es una promesa que se hace desde el amor. Cuando sean adultos valorarán su vida en virtud de la calidad de sus relaciones personales, no desde el número de “likes” que hayan generado.
Son generaciones más blandas, con menos voluntad y menos iniciativa. Se han acostumbrado a que Google y la IA se lo haga casi todo y no necesiten tanto esfuerzo. Como dice Abigail Shrier en su libro Mala terapia “ Rogamos a los profesores que les hagan exámenes sin ponerles tiempo. Les compramos viseras de plástico para que el agua de la ducha no les caiga en los ojos y retiramos cuidadosamente las semillas de sésamo del pan de sus “hamburguesas. No solo nos estamos volviendo locos nosotros: estamos haciendo que nuestros hijos se vuelvan más temerosos y menos tolerantes con el mundo”.
Riesgo de acceso a contenido no adecuado en edades tempranas. Que un preadolescente/adolescente tenga un dispositivo con acceso a internet conlleva un sinfín de riesgos. Desde accesos a contenido no adecuado especialmente para su edad a la posibilidad de que un depredador conecte con él/ella en su red. En algunos colegios se ha llegado a vender que “tenemos un sistema de protección llamado X que garantiza la seguridad de tu hijo de 8 años”. Los que trabajamos en tecnología sabemos que tener un software de protección es mejor que no poner nada, pero también sabemos que es poner puertas al campo. Los niños tienen tiempo casi ilimitado para buscarse la manera de saltarse la valla (como así ha sido). Hago aquí un llamamiento a los colegios, de que no garanticen cosas que no pueden garantizar y a los padres, que estén alerta de los dispositivos que utilizan sus hijos en edad escolar. La antes mencionada Abigali Shrier insiste mucho en su libro, y con buen tino, que los padres actuales ponen mucho foco en la protección de sus hijos a nivel físico (está claro que los niños de ahora tienen mucho menos brechas de las que teníamos nosotros, están mucho más controlados en los parques y colegios) y muy poco en los riesgos mayúsculos de la selva de internet.
Con todos estos perjuicios hacia nuestros niños y adolescentes lo que ha ocurrido era algo que era evidente que iba a pasar si se hacía una mínima o mediana reflexión. Los responsables de la educación y los gobiernos están tardando muchísimo más de la cuenta en tomar medidas a favor de los más vulnerables. Solo había que leer algún que otro libro y revisar algún estudio para saber lo que iba a pasar y lo que sigue pasando. Pero por desgracia, son varias las razones por las que este drama sigue presente en nuestra sociedad y, aunque hay algunos brotes verdes, continua sin solucionarse de raíz.
Hay mucho dinero de por medio. Tecnológicas que se están enriqueciendo a manos llenas sabiendo que están creando adicción a nuestros hijos, sin ningún tipo de escrúpulo y sin que la ley les penalice como se debiera. Llama poderosamente la atención que Meta haya aceptado la cuantiosa multa (para ellos no tan cuantiosa) sin pestañear por crear de manera consciente adicción a menores (16.700 millones de $).
Los colegios que han introducido estos dispositivos también han tenido beneficio económico considerable. Esto ha provocado que no hayan hecho en la mayoría de los casos un ejercicio de reflexión profundo y libre que beneficie a los más importantes, sus alumnos.
Ha faltado reflexión y profundidad en los padres. En mi colegio he tenido conversaciones asertivas con padres partidarios de la introducción de chormebooks donde la discusión terminaba por su parte con un “si el colegio ha introducido este dispositivo en la educación de nuestros hijos es que es bueno para ellos”. Aunque pueda sonar naif, incluso pueril esta argumentación, está sucediendo en muchos colegios.Las tecnológicas, los gobiernos y los colegios tienen mucha responsabilidad, pero los padres también la tenemos.
Tener un dispositivo para los chicos es muy cómodo para la mayoría de profesores, especialmente los más jóvenes “nativos digitales”. Se acabó eso de tener que llevarse a casa los controles y los cuadernos de los niños para corregirlos. Les pongo un ejercicio para su dispositivo portátil ¡y se corrige solo!
A los padres nos está faltando tiempo de estar con nuestros hijos. Estamos en una sociedad que hace que en la mayoría de los casos ambos padres tenemos que trabajar hasta tarde. No disponemos de tiempo suficiente de calidad para estar suficientemente con nuestros hijos, jugar con ellos, llevarlos al parque, contarles cuentos, estar pendientes de sus deberes... Ser padre/madre se ha convertido en una especie de segunda profesión muy exigente si se quiere hacer bien. Dedicándoles más tiempo seríamos mucho más conscientes de todas las limitaciones y peligros que están ocasionando las pantallas en nuestros hijos.
El último informe pisa refleja lo que algunos ya veíamos venir. Ha habido mucha falta de análisis unida a intereses económicos de tecnológicas y colegios, comodidad de algunos padres y profesores que nos han llevado a esta situación. Lo peor de todo esto es que los más perjudicados son principalmente nuestros niños y adolescentes. Es hora de dar la vuelta este tema. Por fortuna, son ya algunas personas y gobiernos importantes las que están dando la voz de alarma y tomando decisiones sobre este asunto. Pero no es suficiente. Desde nuestras casas, vecindarios, colegios tenemos que estar atentos y conseguir que nuestros niños y adolescentes estén más libres de peligros y verdaderamente preparados para el futuro que les acontece. Nos necesitan.
Algunos consejos concretos para voltear esta situación y ayudar a que nuestros niños y adolescentes a vivir una vida mucho más plean y feliz:
No des un móvil a tu hijo antes de los 16 años. De hecho, pero para mi lo ideal serían los 18 pero ni siquiera una persona tan sensibilizada como yo ha podido con la presión de alargarlo tanto. Pero evita que el móivl sea el “regalo de comunión” y alarga su adquisición todo lo que puedas.
Procura dar ejemplo en casa con el móvil. Cuando entres en casa después del trabajo deja el móvil lejos de el alcance de tu mano. Comparte tiempo real, de foco y de calidad con tu familia.
Por lo que más quieras, que tus hijos niños, preadolescentes y adolescentes no duerman con el móvil con acceso a internet a mano. Dormirán mucho peor y estarán expuestos a grandes riesgos.
Si le han puesto en el colegio un dispositivo portatil con acceso a internet a tu hijo, que no lo lleve a casa. Tu hijo tiene que estudiar con libros y cuadernos y escrbir en papel, si quieres que su cerebro evolucione de manera correcta y evitar dispersión en su estudio y sustos a acceso a contenidos no adecuados. Te puede llevar a alguna batalla en el colegio, pero no dudes que es una batalla que tienes que librar por la salud de tu hijo.
Si está estudiando con un dispositivo portatil proporcionado por el colegio revisa por si acaso su historial. Da igual que tengan software de control... te puedes llevar alguna sorpresa desagradable. Mejor saberlo que vivir ajeno a la realidad.
Al igual que probablemte intentas que tus hijos no fumen, intenta que no estén en redes sociales. Ha quedado demostrado que compañias como META han elegido el dinero antes que la salud de tu hijo y su posible adicción, sin ningún tipo de escrúpulo.
Haz todo lo posible por crear un entorno en el que tus hijos a diario puedan estudiar sin distracciones, leer un libro, hablar, jugar o aburrirse. En mi casa por ejemplo no existe la televisión de lunes a jueves. Depués de cenar saben que o terminan deberes, o leen, o hablan, o juegan a algo o se aburren. La calidad de la vida familiar ha mejorado muchísimo desde que no se enciende la TV entre semana.
Fomenta el deporte, que juegen en algún equipo del colegio o club y que queden con amigos los fines de semana. Trata de evitar que su único plan sea jugar a la consola. No pasa nada que tengan su rato a la semana, pero que no sea lo único que tienen en la cabeza.
Conclusión: Estamos en un momento en el que la tecnología mal planteada está poniendo en una mayor dificultad la educación de nuestros niños. Que no te engañen. Un Chromebook en el colegio no les va a hacerles expertos en Python, más bien va a ser una fuente de riesgo añadido, de dispersión y una piedra en el desarrollo del cerebro de tus hijos. El informe de PISA solo refleja lo que tenía que suceder por cómo funciona nuestro cerebro y los seres humanos en general. Es el momento de reaccionar. ¿Te animas?
Gracias por leer Suma Positiva.
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Soy profesor de Universidad, y el cambio año a año es brutal. Me veo haciendo los exámenes por ellos. Hemos pasado de dárselo todo masticado (que ya era un error) a la ultra mega protección. Ufff hay que ponerse las pilas ya y dar la vuelta a la situación. Todos, padres, profes, alumnos.