#87 Criptoeconomía (1): Bitcoin

Hola, soy @samuelgil, Partner en JME Ventures

Bienvenido a mi newsletter semanal, un lugar donde nos reunimos aquellos que creemos que la tecnología transforma juegos de suma cero en juegos de Suma Positiva.


Los que tenemos la suerte de vivir en países desarrollados solemos cometer el error de dar por sentadas muchas cosas que no son en absoluto la norma en otros lugares. De hecho, en la mayoría. La existencia de un estado derecho con separación de poderes, el disponer de una moneda estable y el poder participar en un sistema financiero sólido y abierto son algunos ejemplos de ello.

Por contra, estoy seguro de que aquellos que me leéis desde países como Argentina o Venezuela ya no cometéis este error. Habéis sido testigos de cómo unos gobiernos irresponsables han empobrecido hasta límites inimaginables a dos de los países más prósperos del mundo hace tan sólo unos pocos años.

Del excesivo endeudamiento causado por el excesivo gasto público se sale por la vía fácil devaluando la moneda para que los miles de millones de bolívares que el país debía ayer no valgan nada hoy en términos reales. Por desgracia, lo mismo que le ocurre a la deuda soberana le ocurre a los ahorros de sus ciudadanos, que ven cómo el valor almacenado durante una vida (o varias) de esfuerzo se evapora.

Para impedir que la gente cambiara pesos argentinos por otras monedas que fuesen capaces de mantener mejor su poder adquisitivo o transfiriese sus ahorros al exterior se impuso en 2001 el infame “corralito” financiero. ¿Que quiere usted sacar el dinero del banco? Vuelva mañana, hoy no se puede. Si pensaba que su dinero era suyo, lamento decirle que no estaba del todo en lo cierto.

Además, en muchos países del mundo, especialmente en los emergentes, hay gente que ni siquiera puede acceder al sistema financiero por no cumplir con ciertos requisitos como tener una dirección postal, no digamos una nómina. ¿Quieres una tarjeta de débito para comprar un libro en internet? Lo siento, pero no puedes. ¿Quieres pedir un préstamo para montar un pequeño negocio? Lo siento, pero no puedes. Viven atrapados en una trampa de pobreza.

Los suertudos que vivimos en la burbujita occidental no somos conscientes de cuánto depende nuestro bienestar de algunas instituciones como gobiernos, bancos comerciales y bancos centrales1. Se nos olvida que el dinero, aquello que recibimos a cambio de nuestro esfuerzo y que usamos para comprar lo que necesitamos hoy y guardar el excedente para el futuro, está en sus manos. Por ser justos, la cosa funciona bastante bien normalmente. Pero casos como los de Venezuela o Argentina debieran hacernos estar siempre alerta.

¿Y si la tecnología nos permitiese colaborar libremente para crear una forma de dinero que no se pudiera devaluar por ningún gobierno y cuyo acceso nadie nos pudiera prohibir? Por algún inconveniente que pudiera presentar, ¿no sería esto una cobertura genial ante la irresponsabilidad presente o futura de nuestros gobernantes? Que entre el bitcoin y las criptomonedas.

¿Y si, ya puestos, además de una nueva forma de almacenar y transferir valor, construyéramos sobre esa nueva infraestructura un nuevo sistema financiero descentralizado en el que cualquiera con una conexión a internet pudiese participar? Que entren las finanzas descentralizadas o DeFi.

¿Y si hubiéramos encontrado una mejor forma de remunerar a los creadores de arte y otras formas de contenido digital en internet? Que entren los NFTs y los tokens sociales.

¿Y si nos diésemos cuenta de que ese mecanismo de confianza descentralizada permite replantearnos la estructura y gobernanza de algunas instituciones privadas públicas que nos sirven para colaborar? Que entren las organizaciones autónomas descentralizadas o DAOs.

A pesar de que, a veces, desde fuera, el mundo crypto pudiera parecer un casino o el far west, todo esto y mucho más es lo que la comunidad crypto seria está intentando construir sobre la tecnología blockchain.

¿Te vas a quedar fuera?


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Criptoeconomía (1): Bitcoin

Desde el punto de vista tecnológico, el dinero (excluyendo el efectivo) no es más que una base de datos que almacena cuentas y saldos y que permite a los propietarios de las cuentas hacer transferencias de saldo a otras cuentas.

Actualmente, estas cuentas residen en los sistemas informáticos de los bancos comerciales, responsables de asegurar la integridad (que nadie se gaste lo que no tiene) y seguridad (que nadie robe) de estos datos.

A su vez, cada banco comercial tiene un cuenta en el banco central, una entidad que puede ser independiente o dependiente del gobierno, lo que determinará quién decide la política monetaria del país.

El fin de la política monetaria es influir en la economía a través de la manipulación de los tipos de interés y del dinero en circulación. Cuando el dinero es barato, hay menos incentivo a ahorrar y más incentivo a gastar e invertir, por lo que se supone que tienen un efecto estimulador en la economía. Cuando el dinero es caro, ocurre como es lógico lo contrario.

Como el dinero fiduciario no está respaldado por ningún activo físico, el banco central tiene la potestad de “imprimir” una cantidad de dinero prácticamente infinita, como viene haciendo desde la crisis financiera de 2008, algo sin precedentes en la historia.

Si se hace con cuidado, el “truco de magia” funciona relativamente bien. Si se hace muy descaradamente, el público lo acaba pillando y el dinero se devalúa. Los precios se disparan y el valor del ahorro se esfuma.

¿Se les ha visto el truco? No lo sabemos todavía.


Como acabamos de ver, el dinero es un servicio de almacenamiento y transferencia de valor, prestado por bancos y gobiernos. Éstos, como cualquier institución humana (de hecho, me atrevería a decir que ellos, más), son falibles, es decir, susceptibles a la ignorancia, a la comisión de errores, a la mala gestión de riesgos, a poner su interés particular por delante del colectivo o a la corrupción, como tantas veces hemos visto.

¿Existe una alternativa a este sistema?

El sueño de crear un sistema de dinero descentralizado, que ningún gobierno puede manipular o expropiar y cuyo acceso nadie puede prohibir, se convirtió en realidad en 2009 en un prodigio de las matemáticas, la tecnología y la teoría económica que se llama Bitcoin.

Bitcoin (con B mayúscula) es una base de datos que corre sobre una red descentralizada de ordenadores que dice quién tiene cuánto de un activo digital llamado bitcoin (con b minúscula y al que por claridad me referiré a partir de ahora como BTC) y un protocolo que regula los mecanismos por los cuales este activo se emite y transfiere.

A diferencia del dinero fiduciario, este servicio de almacenamiento y transferencia de valor no está prestado por bancos o gobiernos, sino que es prestado de forma libre (cualquiera puede hacerlo sin necesidad de ninguna autorización) por ciudadanos de todo el mundo armados con ordenadores conectados a internet y que ejecutan el código (abierto) de Bitcoin. A estos nodos de la red se los llama mineros.

Cada vez que se produce una transacción, los mineros intercambian información hasta asegurarse de que es válida, es decir, de que quien quiere mover saldo de una cuenta es el auténtico dueño de esa cuenta y de que tiene el saldo suficiente. En ese momento, actualizan el estado de la base de datos y lo propagan por toda la red, para que todo el mundo tenga en todo momento la última versión válida y se pueda empezar a trabajar en la siguiente. En realidad, los mineros no validan las transacciones de una en una, sino que, por eficiencia, agrupan todas las que se producen dentro de una ventana temporal (~10 minutos en el caso de Bitcoin ) y, una vez validadas, las escriben de golpe en un bloque que se encadena a todos los previos. De ahí el nombre de cadena de bloques o blockchain.

Esto, que dicho así parece simple, es un problema de extremada complejidad en una red abierta de libre participación, en la que podría haber un número ilimitado de agentes maliciosos que podrían actuar incluso de forma coordinada para intentar robar el valor almacenado en ella. Bitcoin resuelve este problema de forma brillante combinando criptografía con incentivos económicos y teoría de juegos en un mecanismo de consenso llamado Proof-of-Work (PoW, prueba de trabajo).

Para entenderlo mejor, tenemos que entrar en algo más de detalle sobre cómo se valida un bloque de transacciones. Vamos a verlo con una analogía:

  • En cada bloque, los mineros compiten por ver quién resuelve primero un puzzle de miles de millones de piezas. Uno distinto cada vez.

  • Resolver un puzzle de ese tamaño es extremadamente complejo. Por ello, los mineros tienen que invertir en hardware muy potente y gastar mucha electricidad en cada intento (de aquí las quejas sobre el consumo energético de Bitcoin).

  • Por contra, comprobar que el puzzle está bien hecho es bastante fácil.

  • El primero en resolver el puzzle avisa a los demás y les solicita su comprobación. Cuando un número suficiente de mineros ha dado su visto bueno a la solución, el minero que lo resolvió primero tiene el privilegio de escribir el siguiente bloque en la cadena, obteniendo BTC (en forma de nueva emisión y de comisión por la transacción) como premio2.

Este último punto es una de las claves para entender la tecnología blockchain: el servicio remunera a aquellos que libremente aportan los recursos necesarios para prestar el servicio con su propio activo digital nativo, un token, un activo que se revalorizará a medida que la demanda del servicio crezca más que su oferta, algo que sucederá siempre que el servicio tenga éxito y su economía del token (tokenomics) esté bien pensada.

PoW, junto con la política monetaria de Bitcoin que veremos a continuación, crea un sistema de incentivos que hace que, en cada momento:

  1. El número de mineros y su capacidad de cómputo aumente hasta que el beneficio de minar sea igual al coste de adquirir y operar el hardware (hay un incentivo obvio a emplear las fuentes energéticas más baratas).

  2. El coste de cometer un fraude (algo que requiere controlar y operar el 51% de la capacidad de cómputo de los mineros) es superior al beneficio que se puede esperar del mismo.

Es importante destacar que, a más mineros, más segura es la red. A más segura es la red, más dinero puede atraer, lo que a su vez atrae a más mineros en una forma de círculo virtuoso o flywheel.

Otra de las características más importantes de Bitcoin y que lo diferencia radicalmente del dinero fiduciario es que su política monetaria está completamente prefijada. Como todo bitcoiner sabe “sólo habrá 21 millones de bitcoin”, de los cuales ya hay ahora mismo unos ~18.7M en circulación. La oferta de BTC empezó en cero en 2009 y sólo aumenta por las recompensas que se dan a los mineros cuando minan un nuevo bloque. Cuando Bitcoin comenzó en 2009, la recompensa por minar un bloque era de 50 BTC. Es decir, se emitían 50 BTC cada 10 minutos, aproximadamente. Cada ~4 años, esta recompensa se reduce a la mitad. En noviembre de 2012 tuvo lugar la primera reducción. En julio de 2016, la segunda y en mayo de 2020 la tercera, situando actualmente la recompensa en 6.25 BTC (unos € 192k al cambio actual).


Como hemos visto, Bitcoin es una implementación alternativa al dinero fiduciario y al sistema bancario actual en el que no hay bancos ni gobiernos, solo ordenadores y algoritmos.

Resuelve algunos de los problemas de los que hablábamos al principio:

  • La política monetaria de Bitcoin está prefijada, con lo cual no habrá gobierno que pueda devaluar su valor. ¿Es esta la política monetaria idónea? No lo sé, pero tener alternativas siempre está bien.

  • Como todos los nodos tienen en todo momento el estado completo del sistema y ninguno de ellos es imprescindible para su operación, se dice que Bitcoin es incensurable. Nadie te puede expropiar. Nadie puede separarte de tus Bitcoins mientras tengas conexión a internet y estés en posesión de tu clave privada (la llave—un número de 256 bits—que permite firmar las transacciones). Sólo un ataque simultáneo a todos los mineros del mundo la podría parar y, aunque suene a ciencia ficción, hay ya o habrá en breve nodos hasta en el espacio. Es como una hidra: si le cortas una cabeza, le crece otra.

  • Es un sistema en el que cualquiera puede participar (no sólo como proveedor sino también como cliente del servicio), por lo que se dice que es no permisionada. Se acabo eso de que alguien no pueda tener acceso al sistema por no cumplir ciertos requisitos.

Sin embargo, Bitcoin, a la hora de postularse como alternativa al dinero fiduciario, presenta los siguientes retos:

  • Escalabilidad: Bitcoin es capaz de manejar unas 4-5 transacciones por segundo, mientras que VISA puede gestionar unas 1.500-2.000. Esto hace que, en la implementación original (sin considerar todos los avances posteriores), no sea muy útil como medio de pago.

  • Volatilidad: Las variaciones del precio del BTC son extremas, con caídas que pueden llegar a estar próximas al 50%. Lo más probable es que el valor del Bitcoin no se estabilice hasta que mucha más gente lo adopte. Pero el problema es que mucha gente no lo adoptará hasta que su precio no se estabilice.

  • Dificultad de custodia: Eso de ser tu propio banco está genial, pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Lo único que prueba que eres dueño de tus BTC es estar en posesión de la clave privada, ese número de 256 bits (64 dígitos hexadecimales). Si lo guardas en medios electrónicos para que sea más cómodo usarlo, estás expuesto a que te lo roben. Si lo extravías, no hay nada que puedas hacer para reclamar tus pertenencias.

  • Exceso de transparencia: Bitcoin es una red pseudónima, no anónima. No se sabe quién está detrás de cada cuenta, pero se sabe exactamente todos los movimientos que ha hecho esa cuenta. Si se pudiese triangular por algún medio su identidad, se podría saber todo lo que esa persona o empresa ha hecho con su dinero.


No obstante a lo anterior hace pocas semanas El Salvador se convertía en el primer país del mundo en declarar al Bitcoin moneda de curso legal y parece que no será el último. Asimismo no hay semana sin que algún inversor profesional importante diga que considera incluir Bitcoin en su cartera de inversión.

Parece bastante evidente que el Bitcoin está dando pasos importantes en su “cruce del abismo”, probablemente no tanto como dinero en sentido amplio sino más bien como “oro digital”, un depósito de valor a salvo de gobiernos e inflación o para casos particulares como transferencias internacionales.

En cualquier caso el propósito de este artículo no era recomendarte comprar Bitcoin, ni opinar sobre su precio actual ni su posible evolución futura.

Quería acercarte su propuesta de valor y la increíble tecnología que hay detrás. Entender sus fundamentos nos permite, además de formarnos una opinión sobre si es algo por lo que merece la pena apostar, extrapolarlos a otras blockchains que han surgido después, con otras funcionalidades, con otras debilidades y fortalezas, algo que iremos haciendo en las próximas semanas.

Todo lo que se está construyendo en torno a esta tecnología es verdaderamente interesante e ilusionante y, como decía al inicio, revolucionario como muy pocas otras cosas que yo haya visto antes.

Pero no debemos olvidar que con Bitcoin empezó todo.


Gracias por leer Suma Positiva.

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1

Aunque a lo mejor nos enteramos más pronto que tarde a causa del experimento en política monetaria sin precedentes en el que vivimos sumidos desde 2009.

2

Hasta que se dejen de emitir nuevos BTC y toda la recompensa sean comisiones de transacción.