#95 El Fin de los Estados-Nación

por Tomás Pueyo

Hola, soy @samuelgil, Partner en JME Ventures

Bienvenido a mi newsletter semanal, un lugar donde nos reunimos aquellos que creemos que la tecnología transforma juegos de suma cero en juegos de Suma Positiva.


Hoy tengo el honor de ceder los mandos de Suma Positiva a Tomás Pueyo, una de las personas con más talento que tengo la suerte de conocer. Si leéis el artículo de hoy os daréis cuenta del porqué de esta afirmación.

Como creo que ya he contado alguna vez, a Tomás y a mi nos presentó nuestro amigo común Nacho Vilela y rápidamente encontramos un montón de intereses comunes, como el growth, la longevidad o la megahistoria.

Fast forward unos cuantos meses y varias conversaciones, al final he logrado convencerle para que escriba algo para nosotros.

Estoy seguro de que no os va a defraudar.

Para quien aún no lo conozca, Tomás es el autor de una serie de artículos sobre COVID, como El Martillo y la Danza, vistos por más de 60 millones de personas en el mundo entero y que influyeron en la gestión del COVID en docenas de países.

Ahora escribe Uncharted Territories, una newsletter para entender cómo hemos llegado al presente y cómo podemos prepararnos para el futuro. Os recomiendo que os suscribáis. Es una de mis lecturas favoritas cada semana.

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Antes de escribir, Tomás estuvo más de una década en Silicon Valley, donde creó productos usados por centenas de millones de usuarios. En cuanto a formación, tiene un MBA de Stanford, una ingeniería de ICAI Madrid y otra de École Centrale Paris.

No me entretengo más, que hay muuuuucho que leer.


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Es 2050. El gobierno no puede pagar sus deudas.
No paga la jubilación. No paga el desempleo.
Los hospitales congelan sus operaciones. Se forman filas de ancianos a las puertas de los ambulatorios. No los atiende nadie. Los médicos se han ido al privado para poder comer. Los que más suerte tienen se han ido al extranjero.
Hay un pánico bancario. Los bancos con demasiados euros o dólares se están colapsando.
Los gobiernos con demasiada deuda estadounidense o europea tampoco pueden pagar sus deudas.
Aquéllos con sus ahorros en dólares o euros los ven desvanecerse. Ya no valen nada. Contemplan las últimas décadas de su vida con angustia. 

¿Qué sucedió?

Internet y Blockchain.

Cada vez que se inventa una nueva tecnología de información, nuestras estructuras de poder cambian.

El habla permitió la aparición de jefaturas.
La escritura permitió la aparición de reinos, imperios e iglesias.
La imprenta reemplazó a la Iglesia Católica y al feudalismo con el estado-nación.
La prensa y las retransmisiones—radio, televisión—hicieron viable el totalitarismo al permitir la transmisión eficiente de propaganda.

Esta vez, no tenemos una, sino dos nuevas tecnologías de la información: Internet y Blockchain. ¿Cómo van a debilitar al estado-nación? 

El Estado-Nación Se Vuelve Irrelevante

En los siglos XIX y XX, los estados-nación se convirtieron en los poderes definitivos. ¿Cómo? Los custodios, organizaciones que el gobierno controla, y que a su vez controlan a sus respectivas industrias. El mejor ejemplo es la radiodifusión.

Los gobiernos decidían de qué se iba a hablar. Controlaban los límites de lo que la prensa podía decir. La información fluía del gobierno a la prensa—escrita, de radio, televisión—y de ahí a los ciudadanos. Los ciudadanos apenas podían influir en la conversación en las democracias, en las autocracias olvídate.

Y llegó Internet.

El Individuo Soberano

Cuando escribí Por Qué Debemos Actuar Ya, no podía concebir que lo leyeran 40 millones de personas. 

Cuando escribí El Martillo y la Danza (versión española aquí), no podía imaginarme que inspiraría a gobiernos del mundo entero.

Un tío normal, rodeado de niños en su apartamento de San Francisco, leyendo artículos científicos en chándal, publica un blog que sorprendió a gobiernos del mundo entero en el tema más importante de su carrera política.

Esto hubiera sido inconcebible hace 20 años. En aquel entonces, la información fluía de los custodios de la prensa hacia los ciudadanos, no en la dirección contraria. Las clases dirigentes decidían qué pensaría la gente ese día, y no podías cambiarlo.

No podías buscar los artículos científicos que necesitabas, porque no estaban disponibles en Internet. Aunque obtuvieras esos datos, no podías difundirlos porque no había redes sociales. Internet te da tanto los inputs como los outputs necesarios para cortocircuitar el estado-nación y los secuaces de sus custodios.

Así es como la locura de QAnon se extendió como la pólvora convenciendo al 15% de americanos de que es cierta (sólo el 40% lo rechaza), propulsado por una persona pseudónima con conocimientos profundos de diseño de juegos.

También es como otra persona pseudónima, Satoshi Nakamoto, creó un nuevo tipo de valor financiero, resolviendo un problema de matemáticas, escribiendo sobre ellos, posteando en Internet, y programando Bitcoin en Blockchain.

Ahora la gente forma sus opiniones online y las difunde online. Interactúan online y realizan transacciones online. La mayoría de las veces, los gobiernos ni siquiera saben que esto sucede. Se omiten los custodios tradicionales. Ya no hace falta su aprobación.

Dada la cantidad de autores que mueren debido a sus creaciones, no es una coincidencia que tanto QAnon como Satoshi Nakamoto fueran pseudónimos: los nombres falsos permiten cambios más subversivos sin represalias. ¿Quién va a cancelar QAnon? ¿Quién va a arrestar a Satoshi para destruir Bitcoin?

Lo nuevo no es el valor del pseudonimato o el anonimato: históricamente, más de la mitad de los libros eran pseudónimos o anónimos. Lo nuevo es lo fácil que es permanecer oculto. Mientras que los criptojudíos temían por sus vidas bajo la Inquisición, Satoshi podría estar pasando junto a ti y nunca lo sabrías.

Si un estado-nación no puede tomar represalias contra los creadores, ¿cómo puede evitar que subviertan al estado-nación?

El libro El Individuo Soberano predijo la mayor parte de este aumento en el poder individual hace casi 25 años. Sin embargo, se centró más en la descentralización del poder, que fluiría de los estados-nación a los individuos. Pero Internet también tiene una fuerza de centralización.

El Auge de las Organizaciones Multinacionales

¿Quién hace posible la búsqueda de artículos científicos? Google.

¿Quién permite la difusión de información? Youtube, Twitter, Facebook, LinkedIn, TikTok….

QAnon, el artículo fundacional de Bitcoin, mis artículos de COVID o las publicaciones de cualquier otra persona habrían sido casi imposibles sin los gigantes de la tecnología.

Pero el cambio va más allá de las redes sociales.

¿Quién reemplaza tu taxi? Uber, Cabify. Tal vez otro par de actores a nivel internacional.

¿Quién reemplaza a tus agencias de viajes? Booking.com, Google Flights, Expedia… No miles de empresas. Unas pocas.

La evolución de la industria de viajes en los últimos años. En azul, los ingresos hosteleros por Internet. En rojo, los empleados de agencias de viajes en los EEUU.

Muchas de las industrias que tenían millones de empresas en el mundo entero ahora concentran la mayoría de su influencia en unas pocas.

¿Cuánto poder crees que tienen? ¿Hacia dónde crees que va ese poder, a más o a menos?  

Los network effects (“efectos de red”) representan el 70% del valor creado por las empresas de tecnología. Cuanto más crecen estos efectos de red, más grandes se vuelven estas empresas y más parte de la economía representan.

A medida que estas empresas crecen, comienzan a tratar a los estados-nación no como sus amos, sino como sus pares:

El director de asuntos públicos de una de estas empresas señaló que cuando estaba a cargo de las relaciones con las autoridades públicas dentro de una gran empresa tradicional estadounidense, obedecía las instrucciones de los reguladores sin negociar: "entonces, acatábamos". Hoy, por el contrario, afirma: "no nos rendimos sin negociar antes duramente".Gilles Babinet, Institut Montaigne

Cuando España quiso cobrar impuestos a Google News, Google simplemente dejó de ofrecer el servicio en el país. Cuando los estados-nación quisieron preservar sus monopolios de taxi, Uber los pisó hasta que cedieron. Airbnb altera la oferta y la demanda de vivienda a nivel local. Tesla desafía las leyes de los concesionarios americanos. Los partidarios de las criptomonedas se oponen con éxito a las leyes que los amenazan. Apple no le da al FBI acceso especial a los iphones de sus clientes.

Las redes sociales son particularmente poderosas ya que filtran lo que es aceptable creer o no creer, empujando las creencias de la gente en direcciones específicas con sus algoritmos y, a veces, incluso quitándole el megáfono a líderes de estados-nación.

Y SpaceX va a dar acceso libre a Internet al mundo entero. ¿Cómo van a poder reaccionar los estados-nación contra eso?

Basta con ver el espectáculo penoso del Congreso de los EEUU cuestionando a los ejecutivos americanos sin entender cómo funcionan sus empresas, o el caso vergonzoso de la Agencia de Comercio Americana contra Facebook. Los estados-nación ven el alza de poderes alternativos como la Iglesia vio con el auge de la Reforma Protestante. Los dos se resisten, pero están luchando contra el progreso imparable de la tecnología. Y la tecnología determina la economía, así que ganará.

El resultado es que las compañías reducen el poder de los estados-nación de dos maneras: primero, haciendo que la información se transmita sin barreras, eliminando el poder de los custodios de los estados-nación y de las empresas locales. Segundo, acumulando parte de ese poder en sí mismas.

Blockchain

Esta fuerza centralizadora de las empresas es contrarrestada por la fuerza de descentralización de Blockchain. Pero Blockchain significa muchas cosas para mucha gente. ¿Qué es?

Por supuesto, existe Bitcoin como una alternativa al oro como reserva de valor. Y las stablecoins y flatcoins como alternativas al dinero fiat. Los dos hacen mucho más difícil que los gobiernos impriman moneda sin subir la inflación.

Están Ethereum, DeFi, NFT y el resto de la criptoeconomía, que está construyendo una alternativa a la economía existente—la que refuerza los estados-nación.

Pero la solución matemática al Problema de los Generales Bizantinos ideada por Satoshi Nakamoto’s Bitcoin paper va más allá. ¿Por qué? Porque hace posible la gestión descentralizada:

Históricamente, ¿cómo sabías que tu taxi era legítimo?
Porque tenía una licencia. Del gobierno.
¿Cómo sabías que era prudente comer en un restaurante?
Porque estaba certificado como saludable. Por el gobierno.
¿Cómo sabes que tu casa es tuya?
Porque está registrada. En el catastro del gobierno.
¿Cómo sabes que alguien es español?
Porque tiene un pasaporte. Del gobierno.

Necesitas constantemente custodios del gobierno para facilitar tus interacciones con otros.

¿Y con el dinero? ¿Cómo probabas que tenías suficiente? O enseñabas el dinero, o necesitabas que el banco lo demostrara por ti. ¿Cómo probabas que sabías algo? Con un papelito de una institución académica. ¿Cómo probabas que algo era verdad? Con un sello del notario. Siempre has necesitado un custodio aprobado por el gobierno.

Los estados-nación eran los custodios definitivos, porque no sólo controlaban sus propios servicios, sino que también controlaban al resto de custodios mediante regulación. Llevan siglos sacando su poder de este control.

Desde que se publicó el artículo de Bitcoin, ese poder se ha ido. Ya no necesitamos custodios para certificar la mayoría de estas cosas. No necesitamos la corrupción, las regulaciones absurdas y el abuso de poder que la acompañan. Podemos crear mejores soluciones con más crowdsourcing, con feedback más rápido, con la verificación de cripto-oráculos. La única razón por la que aún no vemos estas soluciones es porque aún no las hemos construido.

“El futuro ya está aquí. Simplemente no está distribuido uniformemente.”—William Gibson, sobre distribuir el futuro

El futuro ya está en el cerebro de 200 millones de dueños de criptomonedas. Una mejor manera de concebirlos es como un país, una comunidad alternativa a los estados-nación.

Los ciudadanos de los estados-nación no cuestionan la soberanía del gobierno, no cuestionan la validez de su moneda, no imaginan un mundo sin la tele ni la radio ni los notarios ni los organismos de certificación que hacen que el estado-nación sea lo que es. Se envuelven con las banderas de los países del siglo XX. No pueden concebir el fin del estado-nación, del mismo modo que los europeos del 1500 no podían concebir el fin de la Iglesia Católica omnipotente.

Nada de esto es cierto para los ciudadanos de blockchain. Lo pillan. Tienen criptomonedas porque no confían en dinero fiat. Construyen DAOs porque entienden que las corporaciones están de camino a la tumba. Insisten en usar contratos inteligentes porque ¿de qué otra manera vamos a confiar el uno en el otro?

Con quién crees que tienen más en común estos ciudadanos de Blockchain, ¿con sus vecinos patriotas, o sus hermanos criptográficos? ¿Puedes ver ya las alternativas que surgen a los estados-nación?

Las Entidades Supranacionales 

“La pregunta nunca es si puedes mantener toda tu soberanía. La historia dice que no puedes. A lo largo de toda la historia, los humanos siempre han compartido cada vez más su destino.”—Robert Wright, Nonzero.

Si estás solo, no necesitas un sistema político. El objetivo del gobierno es ponernos de acuerdo en cómo coordinarnos. Cuanta más gente hay, más problemas de coordinación surgen y más necesitamos regular nuestras interacciones. El tamaño de los gobiernos siempre ha crecido con el tamaño de los problemas a resolver.

No es una coincidencia que la Liga de Naciones apareciera justo después de la Primera Guerra Mundial y la ONU después de la Segunda Guerra Mundial. El tamaño de la gobernanza sigue al tamaño de los problemas. Desde entonces, un sistema financiero globalizado ha dado a luz al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial para ayudar a los países que necesitan dinero a cambio de… un poco de su soberanía. La Organización Mundial del Comercio coordina a los países para que puedan comerciar mejor entre ellos, a expensas de parte de su soberanía. No pueden hacer lo que quieran en comercio.

La única razón por la que los fracasos de la Organización Mundial de la Salud han sido tan notorios durante la pandemia fue porque la OMS era tan necesaria. ¿A quién le importa el fracaso de una organización inútil? Nos preocupamos por la OMS porque nos damos cuenta de que las pandemias no son un problema nacional. Son globales. A la variante Delta no le importaba el suelo indio que la vio nacer. Mientras los países dejaran entrar a la gente, iba a viajar con ellos.

De hecho, la principal razón por la que fracasó la OMS se debe a los estados-nación. Fueron la manipulación China y su censura sobre Taiwán y el recorte de fondos estadounidense y toda la gobernanza de la OMS que depende de estados-nación disfuncionales.

Pero, eventualmente, surgirán sistemas de gobernanza alternativos para llenar el vacío de coordinación mundial contra pandemias. Porque este problema no va a desaparecer, y ahora lo sabemos.

Algo parecido se puede decir del cambio climático. ¿Por qué, a pesar del enorme apoyo popular, la mayoría de los países no están tomando suficientes medidas? Porque ese apoyo no se ha traducido en la acción política que hoy monopolizan los estados-nación. No es de extrañar: los estados-nación nunca se construyeron para la acción global. Son obsoletos para los problemas que necesitamos resolver.

Pero, ¿por qué no puede surgir una comunidad en la que los ciudadanos de todo el mundo puedan comprometer su apoyo a los políticos que sí quieren políticas de cambio climático? ¿Por qué no pueden hacer de esa promesa un compromiso público y automático en la cadena de bloques? No ha sucedido todavía porque nadie se ha puesto manos a la obra. Pero se hará. Cuando esa comunidad surja, ¿será más o menos poderosa que los estados-nación? ¿O será simplemente otro grupo que se come a bocaditos la soberanía de los estados-nación?

Somewheres vs. Anywheres

“Una falla tectónica se está formando en nuestra sociedad entre las personas que ven el mundo desde un lugar concreto y las personas que lo ven desde cualquier lugar.”—David Goodhart.

Llamemos a estos dos tipos de personas los arraigados y los cosmopolitas.

Los arraigados se identifican con su localidad: su ciudad, el equipo de deportes local, su iglesia, su región, su país.

A los cosmopolitas esas cosas no les importan tanto. Están cómodos en cualquier lugar del mundo que tenga valores liberales, de Buenos Aires a Tokio; lugares en los que puedan conectarse a Internet para trabajar, socializar, leer… Tienen más afinidad con los que piensan globalmente como ellos que con los que viven localmente a su alrededor.

Cuanta mayor actividad diaria se muda a Internet, cuanto más interactuamos con gente del mundo entero, una mayor parte de su identidad se irá mudando online. Cuanta más identidad pase a ser principalmente online, más gente abandonará las filas de los arraigados para unirse a los cosmopolitas.

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Comentario al artículo “Internet y Blockchain Matarán los Estados Nación”. Traducción de la parte resaltada: “Me siento más cerca de la gente de un país en el que nunca he estado que de mis compatriotas. Más cerca ideológicamente, culturalmente, e incluso moralmente. Porque compartimos más valores y podemos comunicar en inglés, así que nuestra lengua materna no es ni siquiera una cuestión a debatir. Ése es el momento en el que me di cuenta de que ya no comparto el concepto de estado-nación.. Ser francés/alemán/americano hoy en día dice menos de ti que tus valores y tu visión del mundo.”

Sabemos que todo esto va a pasar porque ya pasó.

Antes de la imprenta, los europeos hablaban principalmente con sus vecinos en su lengua vernácula local, mientras que la Iglesia Católica hablaba un latín universal que les daba poder. A medida que la imprenta comenzó a publicar en la lengua vernácula local más hablada, es decir, la de las ciudades más grandes, aceleró la desaparición del latín, mientras que las lenguas vernáculas locales de los centros de impresión más importantes crecieron lentamente en popularidad hasta convertirse en idiomas nacionales que compartían ideas e identidad. Esto es lo que finalmente condujo a la aparición de estados-nación.

Ahora que la gente puede hablar con cualquier persona en el mundo, intercambiar ideas, y encontrar personas afines que piensen igual que ellos, su identidad común superará a la de los estados-nación.

Este cambio va a ir acelerándose porque tenemos un claro ganador en la carrera de lengua franca mundial:

Lo cual resulta en el mundo entero aprendiendo el inglés:

Cuanta más vida pasa online, más contenido se produce en la lengua vernácula local—inglés—y más gente la aprende. A medida que se extiende en el mundo, también se extienden las ideas y la identidad mundial.

La única situación en la que el inglés no se convertirá en la lengua franca mundial es si alguien desarrolla un dispositivo de traducción simultánea que funcione perfectamente, consiguiendo que nos comuniquemos sin el coste de tener que aprender a hablar inglés. 

Resumiendo, los estados-nación van a volverse irrelevantes porque:

  • Los individuos ganan poder porque tienen acceso a más información, pueden difundir más información, y pueden hacerlo sin que los custodios nacionales controlen sus opiniones.

  • La aparición de pseudónimos dificulta las represalias contra las personas.

  • Las empresas conservan parte de la soberanía que les quitan a los estados-nación y comienzan a tratarlos como iguales.

  • Blockchain descentraliza el poder, haciendo obsoletos a los custodios del gobierno.

  • Las organizaciones supranacionales emergen para resolver problemas globales, y de paso extraen soberanía de los estados-nación.

  • Comunidades cosmopolitas emergen globalmente, aceleradas por: Internet y Blockchain, el deseo de luchar contra problemas globales, nuevos sistemas de gobernanza global, y la capacidad de entenderse mejor gracias a un inglés universal (o una tecnología de traducción equivalente), diluyendo el sentimiento patriótico.

Toda esta erosión de soberanía va a pasar justo cuando los estados-nación van a caer en bancarrota. Aunque aún no se hayan dado cuenta.

El Estado-Nación Está en Bancarrota

A medida que los estados-nación pierden poder, sus gastos se van a disparar y su capacidad de imprimir dinero se va a esfumar. ¿Cómo van a cumplir sus promesas entonces?

Impuestos de Sociedades

No es un secreto que las grandes corporaciones utilizan lagunas jurídicas internacionales para eludir pagar impuestos. Lo que es nuevo es que los estados-nación finalmente están tratando de controlarlos. Mientras que la Unión Europea quiere gravar a las empresas de Internet, la administración Biden está intentando un acuerdo global para fijar un impuesto de sociedades mínimo global del 15%.

En los medios se celebró un acuerdo entre 130 países, pero ¿se va a convertir en realidad? Para empezar, todavía no es un acuerdo vinculante. Además de eso, no hay 130 países en el mundo. Hay alrededor de 195. Eso deja fuera a 65 países para que estas grandes corporaciones eludan impuestos.

Se puede ver este tema como colusión: los países están tratando de unirse para evitar competir entre ellos. La colusión es fácil cuando hay un puñado de actores en el mercado, pero con más comienza a ser más difícil. Cuando tienes 200, se vuelve casi imposible. Siempre hay un país que se beneficia de la competencia.

Por ejemplo, Irlanda.

Basta con mirar este gráfico para adivinar cuándo Irlanda comenzó a reducir sus impuestos de sociedades (respuesta: 1995). ¿Qué ganas crees que tienen de firmar un tratado en el que pierden una de las mayores ventajas competitivas que les ha llevado a convertirse en uno de los países más ricos de Europa, después de salir de la miseria en el siglo XX?

Y no es sólo Irlanda. Estonia y Hungría tampoco lo han firmado, y la UE necesita unanimidad para corroborar este tipo de acuerdo. ¿Cuán cooperativa es Hungría últimamente? ¿Qué impacto tendría un acuerdo fiscal global sin la UE? Otros países decidieron no firmar el acuerdo tentativo, y eso sin contar los países que ni siquiera participaron en la negociación. Veremos en octubre qué pasa.

Nada de esto es nuevo. Las compañías farmacéuticas y financieras, entre otras, lo han estado haciendo desde siempre, porque su valor depende principalmente de la propiedad intelectual, que es fácil de mover internacionalmente. Llevan mucho tiempo eludiendo impuestos.

Pero este problema está a punto de pisar a fondo el acelerador porque las empresas son más globales que nunca. Es fácil presionar a una empresa minera local para que pague sus impuestos, o a la planta de fabricación local. Pero, ¿cómo gravas a una empresa que puede poner sus servidores, sus abogados y sus intangibles donde quiera? ¿Cómo gravas a las empresas cosmopolitas?

Hasta ahora, la respuesta era: “donde quiera que esté la sede”. Pero, ¿y si ya no hay sede?

Trabajo Remoto

El trabajo remoto es inexorable.

Antes, las sedes se definían como el lugar donde estaba la oficina principal. Allí tenían las empresas la mayoría de su liderazgo y de sus empleados de oficina.

¿Qué pasa si estas empresas ya no tienen oficina principal y se convierten en empresas remotas completas, como Automattic (la creadora de Wordpress), Invision, Notion, GitLab, Gumroad, Twitter, Square, Quora, Notion, Zapier, Coinbase, Basecamp, Fujitsu, Hims, Shopify, Dropbox, Skillshare, Spotify, Stripe, Hubspot, Coda, Figma, Trello, Upwork, VMWare, Box, Affirm, Okta, CrowdStrike, Reddit, Docker, Atlassian, Coinbase, Snowflake, REI?

Claro, a medida que volvamos a cierta normalidad post-COVID, mucha gente volverá a la oficina. Pero sólo unos pocos empleos de oficina estarán completamente basados en la oficina. La gran mayoría será híbrida.

Estimo que entre el 10% y el 25% de todos los trabajos de Estados Unidos serán completamente remotos después de la pandemia, y creo que después esta cifra seguirá aumentando. Evidentemente, las empresas totalmente remotas pueden decidir colocar su sede donde quieran. Cuanto más crezcan, un mayor porcentaje de la economía evitará impuestos.

Y esos son los impuestos corporativos. ¿Qué pasa con los impuestos sobre la renta?

Primera imagen: una político californiana insulta a Elon Musk, quien estaba basado en California. Segunda imagen, titular: “Elon Musk se muda a Texas, dándole un golpe a California.”

Si Elon Musk se puede ir a Texas a pesar de liderar no una, sino dos empresas muy industriales (Tesla, SpaceX), ¿qué crees que harán los trabajadores remotos? ¿Los que puedan trabajar desde un café en una playa de Lisboa y pagar un impuesto de la renta fijo del 20%? ¿Crees que se quedarán en jurisdicciones con altos impuestos toda su vida?

A medida que las corporaciones, los fundadores y los trabajadores comiencen a optimizar sus impuestos, ¿cómo crees que reaccionarán los países?

Ya se han aprobado visados para nómadas digitales en países como Costa Rica, Georgia, Dubai, Islas Caimán, Bermudas, Antigua y Barbuda, México, Australia, Tailandia, Alemania, República Checa, Portugal, Noruega, Estonia y Croacia.

Estos mismos países ofrecen ahora impuestos sobre la renta menores para trabajadores remotos que se instalen en el país, con un impuesto fijo del 24% en España, 20% en Portugal, un máximo de 22.5% en Grecia, entre el 5% y el 12% en Italia, y sin impuestos locales en Croacia. Estos son países que suelen tener un tipo máximo de casi el 50%. 

Los americanos tienen que pagar impuestos a los EEUU independientemente de donde vivan, salvo  si están en Puerto Rico, donde pueden pagar un 4% de la renta y un 0% sobre ganancias de capitales mientras vivan ahí. 

Los países que hacen esto son los más listos. Son como Irlanda hace 25 años. Entienden a dónde va el mundo antes que nadie, y se aprovechan.

Porque la gente es menos móvil que las empresas, pero también es móvil. De la misma manera que los paraísos fiscales reducen los impuestos para todas las empresas compitiendo por los ingresos del impuesto de sociedades, los países seguirán bajando sus impuestos para competir por los trabajadores remotos.

Impuestos a las Criptomonedas

Cuanto más blockchain se use en la economía, más difícil será para los gobiernos de los estados-nación rastrear todos estos movimientos de dinero, y más difícil les será aún gravar estos movimientos.

Hoy en día, la forma en que los gobiernos lo hacen es regulando los bancos locales, obteniendo datos directos de ellos, interviniendo en los flujos internacionales de dinero a través del sistema SWIFT, congelando activos ... Pero, ¿cómo se hace eso en un mundo donde las transferencias están descentralizadas?

Ésta es la razón por la que el gobierno de EEUU trató de forzar a todos los actores de la industria crypto a reportarlo todo. Es la razón por la cual El Salvador anunció que Bitcoin iba a ser moneda de curso legal, el Banco Mundial se negó a ayudarles, y el Fondo Monetario Internacional advirtió de las nefastas consecuencias: ambos organismos están controlados por estados-nación, especialmente Estados Unidos.

El estado-nación teme perder su control sobre el sistema financiero, sin el cual es mucho más difícil forzar el pago de impuestos que necesita. Pero esa tendencia es imparable.

Límites a la Impresión de Dinero Fiat

También es más difícil financiarse imprimiendo dinero cuando la gente no usa el dinero de su estado-nación.

Países como la Alemania de Weimar, Venezuela, Argentina o Zimbabwe saben bien lo que sucede cuando se imprime demasiado dinero: inflación y dolarización dramáticas; la gente huye de la moneda local y comienza a usar dólares en su lugar.

Sin embargo, desde 2009, gobiernos como los de EEUU o la UE descubrieron que podían imprimir dinero sin consecuencias dramáticas. Se pusieron a darle a la imprenta con cuatro turnos al día. 

La FED—el banco central americano—tardó 96 años en imprimir un billón de dólares ($1 trillion), pero 6 años en llegar a 4 billones de dólares ($4 trillion, entre el 2009 y el 2015). Desde el comienzo de la pandemia, la oferta monetaria se ha duplicado. Pero esta vez, no ha sido sin consecuencias.

Eso teniendo en cuenta que el que imprime moneda y el que te dice cuál es la tasa de inflación es el mismo custodio...

Si la ruta de escape normal contra la inflación local es el dólar, ¿a dónde te escapas del dólar?

Esta es una de las razones clave por las que la bolsa ha subido tanto en medio de una pandemia. Pero las acciones no son una alternativa perfecta. Las criptomonedas lo son, porque no están denominadas en dólares.

Cuantas más criptomonedas, menos podrán los gobiernos acuñar moneda para financiarse.

Todo esto, por supuesto, está sucediendo en el momento en que los gobiernos quebrarán bajo el peso de las pensiones que no pueden pagar al cobrar impuestos a los trabajadores que no existen.

La Bomba Demográfica

Todo esto está pasando al mismo tiempo que estamos teniendo menos hijos. 

Pero—gracias a dios—estamos viviendo mucho más tiempo.

Lamentablemente, la mayoría de los gobiernos de los estados-nación son incapaces de aumentar la edad de jubilación proporcionalmente. El resultado es que cada trabajador tiene que financiar la jubilación de más personas.

Este gráfico significa que un jubilado en la década de los 1980 en países desarrollados como Japón, China o la Unión Europea tenía más de cinco trabajadores para pagar sus prestaciones durante la vejez, como por ejemplo atención médica y pensiones. En Japón, cada jubilado sólo tiene dos trabajadores para mantenerla. Europa estará en esa situación en 10 a 20 años. Estados Unidos un poco más tarde.

Actualmente, más del 20% del gasto de los gobiernos europeos se dedica a las prestaciones de la vejez. Si eso se duplica, ¿cuánto dinero quedará? Sobre todo porque una gran parte de los ingresos del gobierno debe gastarse para pagar la deuda pública, para pagar todos estos bonos que compramos felizmente con “riesgo cero”.

Mientras tanto, la deuda sigue acumulándose en el mundo desarrollado.

Los gobiernos de los países desarrollados tienen más deuda  hoy en día que después de la 2ª Guerra Mundial

Ésta es la proyección de deuda americana:

En 10 años, el gobierno federal americano se gastará la mitad de su presupuesto discrecional para los mayores de 65 años.

Velocidad Terminal

En resumen:

  • Los estados-nación con economías desarrolladas no podrán financiarse por sí mismos, ya que tendrán dificultades para cobrar impuestos a corporaciones e individuos debido a Internet, el trabajo remoto y Blockchain.

  • Al mismo tiempo, tendrán más dificultades para imprimir dinero debido a las criptomonedas.

  • Tampoco podrán seguir emitiendo deuda infinitamente, porque ya está por las nubes. Repagarla costará cada vez más.

  • Esto sucede justo cuando sus costes aumentan porque su población está envejeciendo y las prestaciones de la vejez se van a disparar.

¿Qué soluciones hay? Fácil:

  • Necesitan más gente, con lo que necesitan más inmigración. Las leyes de trabajadores remotos son buenas, pero tendría que insistirse el triple. No limitarlas a los trabajadores remoto, sino incluir a los emprendedores y a los trabajadores manuales. Cuanta más gente trabajando en el país, más impuestos.

  • Aumentar la edad de jubilación, pero ya. No cuando la caja de la seguridad social esté vacía. Va a haber una competencia brutal por los inmigrantes en las próximas décadas. 

  • Aceptar que el mundo ha cambiado y adaptarse en consecuencia: facilitar la creación de empresas digitales, adoptar y facilitar la gestión de criptomonedas...

Si no lo hacen, sabemos cómo termina esto. Sucedió hace cinco siglos, cuando la Iglesia Católica intentó suprimir la imprenta en lugar de reformarse. Falló porque no pudo detener la avalancha de progreso tecnológico. A las pocas décadas de la invención de la imprenta, la Iglesia Católica se partió por la mitad y nunca más volvió a sus días de gloria.

Para que los estados-nación avancen, sólo hay dos caminos. El primero es el totalitarismo. Pueden hacer como China, separarse del resto del mundo y controlar todo lo que sucede internamente, a costa de destruir el desarrollo y borrar la libertad individual.

La otra alternativa es elegir la libertad, que significa más competencia entre muchos de los 195 países que existen hoy, la imposibilidad de colusión entre ellos y el resultado inevitable de la reducción del poder del Estado-nación.

La única pregunta que queda es: ¿qué reemplazará a los estados-nación?


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