#89 Criptoeconomía (2): Ethereum

Hola, soy @samuelgil, Partner en JME Ventures

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“Un blockchain es como el tiempo: el pasado, inmutable; el presente, una experiencia compartida; y el futuro, imparable.” — Justin Drake

Hace un par de semanas hablábamos de Bitcoin, la criptomoneda original, la que dio origen a una de las revoluciones tecnológicas (blockchain/crypto) con más potencial por su capacidad de redefinir cómo se colabora a gran escala entre desconocidos (tanto personas como máquinas), el verdadero superpoder de la especie humana.

Bitcoin es uno de esos milagros que sólo pueden darse cada muchos años por la confluencia de una serie de factores tecnológicos y sociales que conforman el caldo de cultivo necesario para que algo tan revolucionario despegue.

En esencia, Bitcoin es un sistema de almacenamiento e intercambio de valor que se crea a través de la colaboración (interesada) entre desconocidos vía internet, separado e independiente de cualquier Estado o empresa, con una política inamovible de oferta fija, que impide su devaluación por expansión monetaria.

Es un “oro digital” inexpropiable al que cualquiera conectado a internet puede acceder en todo momento y lugar. Es una forma de dinero electrónico1 creado por las personas y para las personas y respaldado únicamente por la creencia colectiva de que la existencia de un servicio así tiene valor.

Para algunos Bitcoin es tan importante que se ha convertido en una parte importante de su identidad o incluso de su religión.

Dejando estas consideraciones de lado, si observáramos Bitcoin con cuidado, nos daríamos cuenta de que en realidad es “sólo” una aplicación concreta—sin duda una muy especial—de una tecnología que podría tener muchas otras aplicaciones.

Esa tecnología, como seguro habéis adivinado, es blockchain.

Los blockchains son unas redes de ordenadores muy peculiares, caracterizadas fundamentalmente por crear una (cripto)economía a su alrededor:

  • Permiten que desconocidos que a priori ni se conocen ni confían entre sí formen una red segura que colabora en la prestación de un servicio al que cualquiera con una conexión a internet puede acceder. Por prestar dicho servicio, son recompensados en una (cripto)moneda nativa a la red. Esta recompensa puede combinar monedas de nueva creación (aumentando el número total de monedas en circulación) con monedas preexistentes.

  • Por otro lado, los usuarios que quieren acceder al servicio prestado por la red sólo puede hacerlo pagando el precio correspondiente en la criptomoneda propia de la red. De esta forma, a más demanda del servicio, más demanda de su criptomoneda y, a igualdad de oferta, ésta tiende a apreciarse.

Entrando un poco más en detalle, los blockchains:

  • Son redes abiertas de libre participación: cualquiera que tenga una computadora conectada a internet puede ser tanto cliente como proveedor del servicio que ofrece la red, siempre y cuando cumpla las reglas estipuladas por su protocolo.

  • Son redes peer-to-peer (entre pares), descentralizadas, en las que ningún agente individual tiene control o privilegios sobre el resto. El servicio no se resiente si cualquiera de los nodos queda temporal o permanentemente fuera de juego.

  • El protocolo de la red crea un sistema de incentivos, el llamado mecanismo de consenso, que sirve tanto para premiar a aquellos que aportan los recursos necesarios para la prestación del servicio como para castigar a aquellos que quieren abusar de él.

  • La recompensa por colaborar con la red en la prestación del servicio viene en la forma de un activo digital (la criptomoneda) propio de la plataforma. El valor de dicho activo está relacionado positivamente con el valor que la red proporciona a sus usuarios ya que el acceso al servicio prestado por la red se paga también en su moneda nativa (e.g. para poder transferir bitcoin a alguien tengo que pagar al sistema unas comisiones en bitcoin).

  • La criptomoneda, además de poder ser obtenida por la prestación de servicios a la red, puede ser también comprada en el mercado o recibida de otro usuario.

  • El criptoactivo, a pesar de ser digital (y por lo tanto, a priori, replicable infinitamente), es escaso. No puede ser replicado. A través de la resolución del “problema del doble gasto” (que nadie pueda gastarse un dinero que ya se ha gastado previamente), Bitcoin posibilitó por primera vez la creación de escasez digital en un entorno descentralizado.

  • Mediante el incentivo económico a la participación, el protocolo resuelve de forma extremadamente elegante por mecanismos de mercado el problema del “arranque en frío” del que todas las plataformas en las que se requiere confluencia de oferta y demanda suelen sufrir (i.e.no hay oferta porque no hay demanda y no hay demanda porque no hay oferta”).

OK. Pues ahora que hemos recordado lo que es Bitcoin y las peculiaridades de su tecnología subyacente, estamos en muy buenas condiciones para entender Ethereum, la segunda criptomoneda en importancia económica e histórica y, seguramente, mi favorita.


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Criptoeconomía (2): Ethereum

Con tan sólo 17 años, Vitalik Buterin, el prodigio de origen ruso formado en Canadá y al que Peter Thiel becó para que no terminara la universidad, ya hacía sus pinitos en el ecosistema Bitcoin. Primero, contribuyendo conocimiento a cambio de bitcoin en publicaciones y foros. Más tarde, colaborando como programador en proyectos que pretendían expandir la funcionalidad de Bitcoin a algo más que “una base de datos de dinero”.

Con el tiempo, Vitalik se fue dando cuenta de dos cosas: del potencial de la tecnología blockchain y de las limitaciones técnicas de Bitcoin para ir más allá de su aplicación original como dinero inmutable e incensurable, por mucho empeño que gente muy brillante pusiese.

Vitalik concluyó que era necesario crear algo nuevo, pero aprovechando por supuesto los gigantescos avances técnicos realizados por Bitcoin y del interés generado en el público. Por ello, en 2013, con tan sólo 19 años, propuso la creación de un nuevo blockchain, Ethereum, mediante la publicación de su white paper, en el cual ya se visualizaban algunas de las aplicaciones de la tecnología que hasta hace bien poco no han cogido tracción real: identidades digitales, finanzas descentralizadas, organizaciones autónomas, NFTs, etc.

La primera implementación de Ethereum vio la luz en 2015 tras un par de años de trabajo extenuante por parte de un grupo de voluntarios entusiastas del proyecto provenientes de todo el mundo y algún episodio legal digno de una novela.

Pero, ¿qué es Ethereum?

Si bien, como decíamos antes, Bitcoin es un ordenador descentralizado en el que sólo se puede ejecutar un programa (el de la base de datos monetaria que dice quién tiene cuánto bitcoin y la operativa asociada para hacer trasferencias y mantener segura la red), Ethereum es un ordenador descentralizado de propósito general, en el cual se puede hacer correr cualquier tipo de programa2.

Pero, que algo se pueda hacer no quiere decir que tenga sentido hacerlo.

Al igual que cuando hablábamos de ordenadores cuánticos decíamos que no tenía sentido usarlos para ver fotos de gatitos en internet, lo mismo ocurre con Ethereum.

Al menos por ahora, utilizar este ordenador virtual con todos los inconvenientes que presenta—principalmente rendimiento y coste—tiene sentido para ejecutar software que principalmente tenga que ver con la creación y gestión activos digitales escasos…

…lo que ocurre es que estos activos digitales escasos son cosas tan extremadamente valiosas como dinero, productos financieros, identidades, credenciales, títulos de propiedad, contratos, arte digital, objetos de videojuegos…

Además, al transformar todos estos objetos en software, los estamos convirtiendo por añadidura en entes programables a los que se puede dotar de una cierta funcionalidad o inteligencia.

¿Y cómo lo hace?

Un ordenador no hace otra cosa que mantener en su memoria un estado (un conjunto de variables con sus correspondientes valores) y ejecutar programas que, en función de ciertos parámetros de entrada, van alterando dicho estado (cambiando el valor que almacenan las variables).

En el caso de Ethereum, del conjunto de ordenadores que conforma la red en cada momento emerge una máquina virtual (la Ethereum Virtual Machine o EVM) que:

  • Mantiene un estado consensuado con el resto de participantes (el equivalente a la base de datos de Bitcoin que dice en cada momento quién tiene qué, pero generalizado a todo tipo y número de variables)

  • Es capaz de ejecutar tanto transacciones sencillas similares a las de Bitcoin (e.g. Patricia envía 1 ETH a Samuel) así como otras más complejas que consisten en lanzar programas llamados smart contracts (contratos inteligentes), que permiten hacer cálculos y otras operaciones para así provocar cambios más complejos al estado3.

¿Quién paga la fiesta?

Para ejecutar un programa en Ethereum tenemos que pagar unos costes de transacción (en su moneda nativa, el Ether) que van a recompensar a los mineros (los que proveen los recursos necesarios para crear la EVM). Estas comisiones van en función de la complejidad del programa que se quiera ejecutar (el gas) y de la congestión de red que haya en ese momento (el precio del gas).

Por lo demás, el principio de funcionamiento es similar al de Bitcoin: transacciones que una vez validadas se agrupan en bloques, mineros que compiten por resolver el puzzle que les da derecho a escribir el siguiente bloque y obtener la recompensa, direcciones, claves criptográficas públicas y privadas, funciones de hash, wallets…

Diferencias entre Ethereum y Bitcoin

Ahora que entendemos a alto nivel qué hace Ethereum, metámonos un poco más en sus tripas y comparémoslas con las de Bitcoin.

Diferencias “duras”:

  • El activo nativo de Bitcoin es el bitcoin (BTC). El de Ethereum es el Ether (ETH).

  • Mientras que la política monetaria de Bitcoin asegura que sólo habrá 21 millones de bitcoin en circulación4, la oferta de ETH es ahora potencialmente ilimitada. Ahora mismo hay unos 116 millones de ETH en circulación y cada año se crean unos ~8 millones más como parte de la recompensa a los mineros. Eso va a cambiar muy pronto con la introducción de un cambio al protocolo (el EIP 1559) que provocará que en cada transacción una parte de las comisiones se destruyan, reduciendo el ETH en circulación. La idea de los promotores del cambio es que la oferta de ETH se vaya reduciendo hasta estabilizarse hacia 2030 en unos ~100 millones.

  • Todo el bitcoin creado hasta la fecha proviene de recompensas a mineros. En el caso de Ethereum hubo una colocación inicial de Ether en la cual: (1) el equipo fundador y los primeros contribuyentes al proyecto se llevaron una parte; y (2) el público general pudo comprar en una subasta realizada en 2014. Entre (1) y (2) se colocaron 72 millones de ETH.

  • Aunque a día de hoy el mecanismo de consenso en ambos casos es el Proof-of-Work (PoW), Ethereum tiene planeado migrar a otro mecanismo de consenso denominado Proof-of-Stake (PoS) para finales de 2021 o principios de 2022. Con este mecanismo de consenso los mineros pasarán a llamarse validadores y en lugar de tener que invertir en hardware y gastar energía para señalizar su compromiso con la red, tendrán que comprar, bloquear y poner en riesgo 32 ETH. Aquellos que muestren comportamientos poco íntegros con la red serán penalizados perdiendo todo o parte del ETH que tienen bloqueado. A su vez, a los que se comporten como es debido la red les remunerará (por supuesto en ETH) por los servicios prestados con un tipo de interés aún por determinar. Sin entrar en demasiado detalle la ventaja más obvia de PoS es que es más amigable con el medio ambiente y hace a los validadores mucho más difíciles de localizar y neutralizar en caso de que alguien quisiera tumbar el sistema. Por contra, PoS parece que favorece la centralización y es algo menos seguro que PoW.

Diferencias “blandas”:

  • Mientras que el ethos de Bitcoin es extremadamente conservador (su propuesta de valor consiste en mantener tan férreamente como sea posible la promesa original), el de Ethereum es mucho más abierto a cambios. Eso se traduce en mayor potencial de crecimiento pero también mayor riesgo tecnológico y de otros tipos.

  • No se sabe quién es el fundador de Bitcoin más allá de su pseudónimo Satoshi Nakamoto. En el caso de Ethereum, todo el mundo sabe que es Vitalik Buterin. Por mucho que Vitalik intente dejar de ser imprescindible para el proyecto, su influencia sigue siendo aún notable, con lo cual su propia supervivencia es un factor de riesgo para el proyecto.

  • En 2016 Ethereum tuvo que hacer un cambio en su protocolo (un hard fork) para deshacer los daños que un hacker causó a uno de los proyectos más ambiciosos creados sobre la plataforma: the DAO (algo así como un fondo de inversión descentralizado). Eso creo un precedente nefasto pues si algo detesta el ala más libertaria de la comunidad crypto son los rescates realizados a los bancos tras sus fechorías bajo la razón o excusa del “too big to fail”.

Desde mi punto de vista, en ambos proyectos, su principal fortaleza es también su principal debilidad. En el caso de Bitcoin, la simplicidad y el inmovilismo. En el caso de Ethereum, la complejidad y el exceso de cambio.

Algo que creo es importante destacar es que Ethereum no es sólo una permissionless access network, sino también una permissionless innovation network. Todo el mundo puede construir e innovar sobre Ethereum e ir aprovechándose de todos los desarrollos previos, reinventándolos o combinándolos. De ahí que la innovación pueda avanzar a un ritmo muy acelerado.

Evolución del valor y perspectivas de futuro

Como decíamos, el valor de Bitcoin está soportado única y exclusivamente por la creencia de sus tenedores en que la existencia de un sistema monetario con esas características es valiosa, algo en lo que yo personalmente creo.

En el caso de Ethereum, su valor es algo quizás más objetivo. Ya que el ETH es el combustible necesario para hacer funcionar la EVM, su valor no depende únicamente de su su posible valor monetario (que puede ser de hecho visto como una prima sobre el valor meramente utilitario porque, cuanto más se use, más probabilidades tiene el ETH de convertirse en dinero en sentido amplio), si no del valor de todas las aplicaciones que puedan crearse encima suyo.

El futuro de Ethereum y su valor vendrá determinado en buena medida por su capacidad de resolver los problemas técnicos de escalabilidad que lo lastran (algo que parece bien encaminado con la introducción de mejoras técnicas como el sharding o las soluciones de nivel 2 como Polygon u Optimism que, según previsiones optimistas, podrían incrementar la capacidad de la red x10.000), así como la capacidad de la comunidad de crear encima suyo servicios que tengan valor más allá de la mera especulación como venía ocurriendo hasta hace relativamente poco. A este respecto, como ya hemos visto anteriormente cuando hablamos de NFTs y como veremos en futuras ediciones cuando hablemos de DeFi, creo sinceramente que estamos yendo por el buen camino.

Para mi la pregunta a considerar es: si vemos la enorme disrupción que internet ha supuesto en todo lo relacionado con la información, ¿qué será capaz de conseguir esta nueva internet del valor?


Gracias por leer Suma Positiva.

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1

Sí, sí, ya sé lo del dinero y el depósito de valor, pero ya me entendéis.

2

Ethereum es Turing completo.

3

Estos contratos están escritos en un lenguaje de script llamado Solidity que guarda ciertas similitudes con Javascript.

4

Lo cual plantea ciertos retos de seguridad cuando ya se hayan emitido los 21 millones.